DOS TONTOS TODAVÍA MÁS TONTOS. IGUAL DE TONTOS QUE ENTONCES ORÍGENES. EL OJO, ESPEJO DEL ALMA INTERSTELLAR. NOLAN Y EL AMOR QUE MUEVE EL UNIVERSO. RELATOS SALVAJES, ANTOLOGÍA DEL INDIGNADO
25 de noviembre de 2014
IGUAL DE TONTOS QUE ENTONCES

A principios de 1995, yo tenía 12 años, pero insistía continuamente en que en apenas unos meses serían 13 y no 12, como si esa nueva edad significase un salto inmediato e irreversible a la madurez. 

Por aquel entonces, acudía al cine por encima de mis posibilidades y veía un buen número de películas, todavía asesorado por mis padres, especialmente por mi padre, el cual, por defecto profesional, vivía continuamente informado de las calificaciones morales de las películas que se estrenaban cada Viernes.
Por ejemplo, ellos consideraban que era adecuado que viese “Loca Academia Misión en Moscú” pero no “Seven”. Que “Los Picapiedra”, “Superdetective en Hollywood III” o “Speed” era aptas para mi como no lo eran “Heat” o “Casino”. Comedias, cine familiar o cintas de acción para todos los públicos tenían el beneplácito parental, con algunas concesiones excepcionales como “La nueva pesadilla de Wes Craven”, por eso de las gafas 3D.
Yo, que ya tenía la escalofriante edad de “casi 13 años”, me rebelaba contra películas como “Casper”, demasiado infantiles para alguien de mi avanzadisima edad y abrazaba con entusiasmo las andanzas de Bruce Willis y Samuel L. Jackson en “La Jungla de Cristal. La Venganza" donde el bueno de John Mclane decía tacos y desactivaba bombas por las calles de Nueva York.
Andaba buscando el equilibrio cinéfilo de la pubertad, ese periodo vital completamente comprometedor donde cada decisión tiene una trascendencia fundamental para tu yo futuro.

Entonces, un 30 de marzo de 1995, llegó a las pantallas españolas “Dos tontos muy tontos”, película cuyo título apuntaba, a ojos de los tutores de mi educación, risas ingenuas adecuadas para seres imberbes y cuyo protagonista, Jim Carrey, actor de comicidad gesticulante, había pasado el filtro censor gracias a dos simpaticos y recientes estrenos como eran “Ace Ventura” y “La Máscara”.
Y allá que fui, un tanto receloso, pues aunque había disfrutado con el Jim Carrey de “Ace Ventura” y “La Máscara” prefería ver otros títulos que se proyectaban en los cines de Albacete en aquel preciso momento como “Cadena Perpetua” o “Pulp Fiction” los cuales se ajustaban más a mi recien emprendida misión de crecer cinematográficamente. 

No tuve tiempo para lamentarme porque aunque, efectivamente, había un buen catálogo de las muecas de un Jim Carrey en pleno apogeo así como algún chiste más bobalicón de lo normal, “Dos tontos muy tontos” supuso ser una obra clave y fundamental para alguien en plena edad del pavo, ávido de descubrir pero más acostumbrado a reir como era yo en 1995. 
Había pasado automáticamente de la comedia blanca a la comedia completa, donde escatología, estupidez, parodia, algo de humor negro, absurdo y humor físico se daban la mano alternando largos viajes en carretera con éxitos musicales de los 90. Aquellas semanas, coincidiendo con las vacaciones de Semana Santa acudí una y otra vez al cine, casi compulsivamente, a ver los mismos gags protagonizados por Jim Carrey y Jeff Daniels habiendo ya olvidado que “Cadena Perpetua” y “Pulp Fiction” también se estaban proyectando.

Con el paso de los años, avancé en la comedia.Descubrí a Blake Edwards y Peter Sellers, a Mel Brooks, a los Zucker y a Leslie Nielsen, a Lemmon y Matthau, a Harold Ramis, a Chaplin, los Hermanos Marx y seguí muy de cerca la (desigual) carrera de Jim Carrey. Pero siempre tuve un hueco especial para la película con que debutaron los Hermanos Farrelly. Un título clave de la comedia de los 90 y de mi propia manera de entender el cine de humor. 
Cuatro años después llegaría “Algo pasa con Mary” que se llevaría las alabanzas unánimes de crítica y público en un intento casi consensuado de poner en el lugar que merecía al cine de comedia de los hermanos Farrelly. Pero no para mi. “Dos tontos muy tontos” ya apuntaba las mismas ideas tiempo antes.

Ahora han pasado algo más de 20 años desde el estreno norteamericano de “Dos tontos muy tontos”. Yo ya sobrepaso los 32 años y no voy diciendo por ahí que tengo casi 33, sino más bien todo lo contrario. Peino alguna cana y tapo alguna entrada. Hago deporte para poder mantener la forma y sigo yendo al cine con parecida asiduidad. Es por eso que volver a ver a Harry y Lloyd en la gran pantalla significa lo mismo que encontrarte a un viejo amigo del colegio con el que cambiaste cromos y patadas a un balón. Te alegras de volver a verlos y el rato compartido podría ser lo más parecido a viajar atrás en el tiempo, aunque no puedes evitar analizar cual ha sido su evolución y como ha cambiado uno mismo desde entonces. 

Harry y Lloyd también han envejecido pero siguen haciendo las mismas tonterias sin temor a resultar decadentes. No han evolucionado. Han estado en su propio letargo y salen de su refugio para repetir gags, viajes por carretera y chistes sobre disminuidos físicos como si fuera 1994. Te da un poco de compasión ver que para ellos todo sigue igual, rozando los 50 años y tan idiotas como siempre, haciendo las mismas bromas pero menos ágiles que entonces. Aunque entiendes que, para un rato que vuelves a verlos, no es momento de enjuiciarlos y si de agredecerles aquellos buenos ratos de hace dos décadas prestando atención a sus benditas patochadas. 

Decido dejarme llevar y me sorprendo a mi mismo llorando de la risa con “Dos tontos todavía más tontos” recordando con estos dos viejos retrasados tiempos lejanos de cuando nos comiamos el mundo. Demuestran conocerme, brindandome un guiño a mi serie favorita, "Breaking Bad". Todo un detalle que aprecio. Nos secamos las lagrimas derramadas con las carcajadas, nos despedimos satisfechos y suena “Me and You” de Jake Bugg. Seguimos con nuestras vidas, que ahora elegimos nosotros, entendiendo que ese sentimiento llamado “nostalgía” no siempre tiene porque tener un significado negativo.
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14 de noviembre de 2014
EL OJO, ESPEJO DEL ALMA

Hasta la fecha y con solo dos títulos en su haber, el norteamericano Mike Cahill se está mostrando como uno de los directores norteamericanos más interesantes de su generación, con una capacidad especial para dotar de sensibilidad y emociones a sus relatos, sacar el máximo provecho de modestas producciones y mostrarse especialmente atraido por la ciencia hasta el punto haber cimentado sus dos primeros relatos a partir de ella. 

Tras debutar en la ficción con la humilde e indie “Otra Tierra”, película que marcaba las pautas e intereses del cine del realizador donde el drama personal marcado por un acontecimiento trágico encontraba una válvula de escape en la ciencia-ficción íntima marcada por la pasión de su protagonista principal (Brit Marling, que repite colaboración) por la astronomía, Cahill se enfrenta ahora al siempre complicado segundo trabajo sin desviarse un ápice de sus preferencias como autor. 

"Orígenes" vuelve a ser una historia sensible y conmovedora, como ya lo era, "Otra Tierra", compartiendo con ella el estilo independiente depurado y elegante, la excusa de ese hilo conductor científico y de ciencia-ficción como medio para contar una preciosa historia de amor protagonizada por un biólogo molecular -al que interpreta Michael Pitt ("Soñadores")- obsesionado por el iris y el proceso evolutivo del ojo humano, que una noche se enamora de una chica, encarnada por la actriz de origen español, Astrid Bergés-Frisbey, cuyos ojos son particularmente especiales. 
Lo que comienza como un romance donde las casualidades juegan un papel importante, girará hacía el drama por medio de un giro argumental descorazonador. Es en ese momento cuando el trasfondo científico que permanecía relegado a un segundo plano por la historia romántica cobra relevancia, entrando en escena temas eternamente discutidos como el dilema entre ciencia y fe, religión o azar. La gran virtud de Cahill es no solo saber integrar con solvencia y naturalidad estos dispares temas en su película, sino también ser emotivo en sus intenciones. El resultado es un título a medio camino entre lo espiritual y lo racional, a ratos fascinante, que reflexiona sobre los límites del ser humano en el universo. Una obra delicada, más ambiciosa de lo que su aspecto indendiente muestra y que funciona armonicamente en su híbrido de géneros, cualidades que la hicieron merecedora del Premio a la mejor Película en la pasada edición del Festival de Sitges.
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11 de noviembre de 2014
EL AMOR QUE MUEVE EL UNIVERSO

“El amor es lo único que trasciende el tiempo y el espacio”. Es la doctora Brand (que encarna la oscarizada Anne Hathaway) quien pronuncia, en su monólogo sobre el amor como razón de todas las cosas, estas palabras que resumen a la perfección el motor de la epopeya espacial gestada por uno de los cineastas más abiertamente títanicos, atrayentes, grandilocuentes y también controvertidos del Hollywood actual, Christopher Nolan. 

El responsable de títulos como “Memento”, “El truco final” o la saga de “El Caballero Oscuro” abraza en esta ocasión la ciencia-ficción dura y entiende que para que su compleja propuesta pueda llegar al espectador sin que este se apee en el camino debe compensar la exigencia científica formulada en su argumento con un motivo emocional que acompañe a ese viaje suicida al espacio exterior que emprende el personaje de Matthew McConaughey y compañía. 
De ahí, la explicación de todo lo que sucede en el primer acto de “Interstellar”, dominado por el melodrama paternofilial en un mundo postapocalíptico recubierto de arena. Los ecos de Spielberg, el Zemeckis de "Contact" y Shyamalan (¿quién no recuerda aquí a “Señales”?), los mismos que ya existían en la reciente “Looper”, son un declaración de intenciones por parte de los Nolan (guión firmado a cuatro manos por Christopher y su hermano Jonathan) cuyo posterior salto al infinito encuentra justificado en amparar el futuro de una modesta familia de granjeros huérfana de madre. O lo que es lo mismo, la búsqueda de la supervivencia del planeta Tierra provocada por una pelirroja e inocente niña. Una construcción argumental puramente ochentera y familiar. 

En esas labores de cabeza de familia encontramos al cada vez más importante Matthew McConaughey (Cooper), piloto e ingeniero antes que granjero y protagonista de la providencial misión espacial. Será su personaje (y nosotros con él) el que reciba todas las lecciones básicas de astrofísica y ciencia por parte de un imponente elenco de secundarios que va desde Michael Caine hasta Wes Bentley o William Devane pasando por Anne Hathaway y alguna sorpresa que no conviene desvelar. Es aquí cuando sale a relucir el Nolan como narrador más sobreexpositivo (principal vicio achacable al cine del director de “Origen”), preocupado en darnos unas cuantas nociones de teoría de la relatividad, gravedad y física cuántica. Pero, por fortuna, también el narrador empeñado en hacernos sentir la inquietud y la responsabilidad del sacrificio de la misión. De anteponer lo íntimo a lo colosal.
Eso es algo que el director británico parece conseguir plenamente en la segunda toma de contacto del personaje de Cooper con las grabaciones enviadas al espacio por su familia. Sensaciones a flor de piel. Audiencia en el bolsillo. 

A partir de ahí los agujeros negros, los agujeros de gusano, la colonización de planetas inexplorados, los robots monolíticos, las diferentes dimensiones o la paradoja de los gemelos y el envejecimiento puestos en teoría anteriormente, bien en forma de papeles agujereados o croquis improvisados en una pizarra, pasan a formar parte del mecanismo impulsor de una asombrosa y magistral odiséa espacial deudora de otros relatos del género como “Solaris” o de la tensión abismal de la reciente "Gravity", con una técnica insuperable (junto a su diseño de producción cabría destacar también la música de Hans Zimmer y la fotografía de Hoyte Van Hoytema) y en la que ya no importa tanto haber aprendido la física que da pie al relato como estar atrapado por la puesta en imágenes de esta hazaña interplanetaria que por grande que sea solo quiere decirnos que el amor es lo que mueve el universo.
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28 de octubre de 2014
ANTOLOGÍA DEL INDIGNADO

Hace apenas 15 días, una turista holandesa de nombre Willemijn Vermaat destrozó una estatua de Buda del siglo XII situada en uno de los templos de Angkor en Camboya. Vermaat explicó que había viajado sola a Camboya y que empujó la estatua porque “de ningún modo pertenecía a ese templo”. 

Apenas 3 meses antes, un empleado de un hotel de cinco estrellas de Nueva Delhi encargado de aparcar los coches de los huéspedes, estrelló contra un muro de hormigón el Lamborghini de un rico magnate hospedado en el hotel, saliendo sospechosamente ileso del accidente en el que el vehículo quedó destrozado. 

Remontándonos solo unos meses más atrás, el pasado 21 de mayo una anciana septuagenaria de Nancy (Francia) mató a su marido y lo desmembró. Después de descuartizarlo, utilizó su corazón, su nariz y su pene para preparar un caldo de sopa, que se tomó a modo de cena. Cuanto terminó, se dirigió a la comisaría completamente ensangrentada, donde declaró su crimen. 

Tres sucesos nada alejados en el tiempo, extraordinarios e insólitos, en los que individuos anónimos decidieron actuar violentamente y sin contemplaciones sobre situaciones cotidianas convencidos de que esa solución, fuese o no la correcta, era la más liberadora y justa para ellos en ese preciso instante.

La profunda crisis financiera que vivimos ha traído consigo cambios en lo que a las movilizaciones sociales se refiere. En el modo de organizarse a la hora de mostrar disconformidad y protestar frente a las injusticias políticas y sociales. La era del movimiento indignado.
Han surgido manifestaciones plurales,sí, pero el individuo particular, hastiado, disgustado y frustrado, a menudo siente la indefensión ante las injusticias diarias, estando falto de una reivindicación personal, de una expresión particular que de rienda suelta a sus tensiones acumuladas. Y cuando el ser humano se rebela por su propia determinación, casí siempre lo hace en las situaciones o contextos más inesperados y circunstanciales, incluso erroneos, como bien pudiera ser una estatua camboyana, un vehículo de alta gama, el que convive a tu lado o simplemente alguien que pasaba por allí.

Un buen compendio de esos "basta ya" del ciudadano medio es "Relatos Salvajes", la película sensación del año en Argentina, dirigida y escrita con astucia por Damian Szifron, producida por El Deseo de los hermanos Almodovar, aplaudida en San Sebastian y Sitges y representante al Oscar por aquel país. Desde su estreno local ha venido gozando del beneplácito del público (8 semanas liderando la taquilla argentina) al mostrarse como una comedia divertidísima y balsámica ante la irritación generalizada del sufridor a pie de calle.

Dividida en 6 episodios independientes entre sí, "Relatos Salvajes" tiene un fin común, atentar contra estratos y grupos que serán muy familiares al espectador. Siempre desde el humor negro y la rabia contenida, entre lo macabro y lo vengativo y en los que el funcionario apático, el cliente déspota, el marido infiel, el conductor prepotente o el adinerado corrupto pasan a ser victimas de las embarazosas situaciones que plantea el muy eficaz guión de Szifron en cada uno de sus episodio.
Acompañada de una mezcla músical inverosimil que une a Gustavo Santaolalla con "Flashdance", unos créditos que apuntan el lado animal del ser humano, un elenco de actores argentinos de primer nivel en el que figuran Ricardo Darín, Leonardo Sbaraglia o Dario Grandineti y una realización ágil y furiosa, "Relatos Salvajes" supone un divertimento contemporáneo negro y osado, una película terapéutica para el espectador, capaz de identificarse con alguna o muchas de las situaciones que plantea la cinta de Szifron. No parece casualidad que tres de sus historias tengan como denominador común el coche, pequeño espacio donde el hombre saca a relucir su lado más salvaje, ese al que se refiere este título desde que comienzan sus créditos iniciales. Una película que redescubre al cine como medicina contra la cólera de nuestros días, la indignación.
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21 de octubre de 2014
LA ASOMBROSA AMY

En 1956, Alfred Hitchcock dirigía “Falso culpable”, película que se distinguía de otras de su filmografía al interesarse más por describir las consecuencias dramáticas derivadas del suspense que por desarrollar el propio suspense en sí. Lo hacía alrededor de una de sus figuras favoritas, la del acusado erróneo, y en aquella ocasión, también sobre su la figura de su esposa, a la que Hitchcock apuntaba como verdadera victima de las secuelas no penales y sí psicológicas de la falsa incriminación y, especialmente, de la insoportable presión social a la que tuvo que hacer frente. Con la mirada perdida y el gesto petrificado de Vera Miles en los planos finales de “Falso Culpable”, Hitchcock venía a decirnos que la privación de libertad está más allá de unos barrotes y una condena a cumplir.

Multipliquemos la agresividad de la sociedad pública de antaño (mitad de los años 50) por la de ahora, con la depravación progesiva de la prensa escrita y audiovisual, la inercia colectiva conforme a las corrientes de opinión y la difusión instantánea de información (manipulada o no) por las redes móviles, para entender así la gigantesca pesadilla a la que debe enfrentarse Nick Dunne (Ben Affleck) en “Perdida” cuando su asombrosa esposa Amy (Rosamund Pike) desaparece y él es señalado furiosamente como culpable de asesinato.

A diferencia del Hitchcock de “Falso Culpable” y pese a tener un armamento entero cargado de munición para poder elaborar su discurso alrededor de los poderosos daños humanos provocados por los intereses mediáticos y el linchamiento social en el siglo XXI, Fincher elige decantarse por la intriga, y la investigación policial  antes que por el drama humano. Y otra más, prefiere revertir la figura femenina protagonista de Santo Mártir a Maquiavelo, lo cual nos indica, que más que aprovechar las posibilidades que otorgaba el subtexto del best-seller escrito por Gillian Flynn (como modificamos nuestros comportamientos para condicionar la opinión pública, la facilidad de la prensa amarilla para alterar un discurso que previamente ha defendido a capa y espada) se ha concentrado en ser incondicionalmente fiel (algo nada inusual en la carrera de Fincher) al thriller conyugal derivado de la novela original. Más cuando ha sido la propia escritora de “Perdida”, Gillian Flynn, la encargada de elaborar un guión que apenas se aparta un milímetro de su obra principal. 

Descartada así, la posibilidad de dinamitar la hipocresía de medios de comunicación y sociedad o por qué no, de tu propia persona, el punto de mira de esta adaptación cinematográfica es único y concluyente; la identidad del otro en las relaciones de pareja. Una perversa y caústica vuelta de tuerca a la fingida felicidad del matrimonio explorada a través de piruetas narrativas y cerradas curvas argumentales en las que se alternan voces en off con flashbacks de dudosa veracidad, cambios de puntos de vista y violentos giros de guión protagonizados por dos seres adustos y antipáticos. Clasistas, artificiales y enamorados de la apariencia. El thriller del antiromance. 
Es ese ejercicio de contorsionismo con el que Flynn expuso su retorcida historia a sus numerosos lectores y la sarcástica y manipulada historia de amor entre hombre y mujer jugando a ser felices el principal interés de Fincher para con el espectador. Como ya es habitual en un creador que ha sido capaz de inventar muchas de las señas de identidad del thriller moderno, la adaptación formal de la obra de Flynn se situa entre la suficiencia y lo modélico. La fotografía fría y oscura de Jeff Cronenweth sumada a la música envolente y de Trent Reznor y Atticus Ross y el suave deslizar del objetivo de Fincher convierten lo que era un thriller a priori complejo y sinuoso para el lenguaje cinematográfico en un producto asequible y sobrio en manos del director norteamericano. El fondo, sin embargo parece algo más discutible. Abandonado Fincher a la escritura de Gillian Flynn, lo que en la novela suponía un relato de intriga movido por el desencanto del afecto,las ilusiones rotas,la ingenuidad sentimental mancillada, en la cinta es la naturaleza embustera y pérfida de sus pareja protagonista la que alimenta el relato, quedando relegado a escasas pinceladas lo acertado de ese incisivo estudio sobre hasta donde hay que ceder o hasta que punto debes moldear tu persona para lograr la felicidad de quien comparte tu cama. 

Gana el thriller, sí, con esos intrincados volantazos, ese jugar al despiste con la audiencia y esa Rosamund Pike desatada y furibunda en el tramo final de la cinta que hacen que sobrellevemos los más de 145 minutos de metraje sin que tengamos mucho tiempo para pensar por qué carajo se han enamorado tan rápido esos dos seres humanos (hay escasas muestras de cariño mutuo en pantalla) o por qué Ben Affleck y Neil Patrick Harris parecen elecciones de casting mejorables. Pero lo que debemos preguntarnos es cómo una adaptación tan devota de la novela original puede perder gran parte de su esencia en el camino.
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14 de octubre de 2014
SITGES 2014. Y PARTE III.

Día 6: Superhéroes a la española, Lola Dueñas aterradora y un Banderas autómata.

En nuestro penúltimo día en Sitges decidimos bajar el ritmo para poder afrontar con fuerza la recta final del festival que ofrecerá grandes títulos en su jornada de Viernes. Es Jueves, sigue luciendo un sol de excepción en la costa catalana y nos dirigimos al Hotel Melía Sitges no para comenzar la jornada con una película, sino con una presentación de muchas otras que vendrán. Zeta cinema, la “Marvel” española se reúne alrededor del Auditori del festival para anunciar sus futuras adaptaciones de comics a la gran pantalla y desvelar alguna que otra sorpresa. Contemplamos un apabullante adelanto de imágenes de la película animada de “Mortadelo y Filemón” dirigida por Javier Fesser, vemos un tráiler de “Anacleto, agente secreto” con Imanol Arias, Quim Gutierrez, Berto Romero o Carlos Areces, que ejerce de maestro de ceremonias de esta pequeña gala de presentación y conocemos en primicia que Javier Ruiz Caldera, director de la citada “Anacleto” se encargará también de dirigir el esperado salto a la pantalla de “Superlopez”. Como todavía no se conoce el actor que encarnará a este superhéroe cañi por lo que Zeta Cinema se limita a anunciar quienes serán los guionistas de la cinta, que no son otros que Borja Cobeaga y Diego San Jose, dupla escritora de moda gracias a “Ocho apellidos vascos”. 
Inmediatamente después de ese avance de producciones españolas, somos testigos de la subida al escenario del belga Fabrice Du Welz, viejo conocido del festival gracias a títulos como la alucinante “Calvario” para presentar una de las dos cintas con las que ha acudido a Sitges en esta edición. Acompañado por Lola Dueñas, feliz por haber completado su primer papel internacional, Du Welz da paso a la proyección de su película “Alleluia” (Fabrice du Welz, Belgica, Francia), una historia de amor loco, sumiso y celoso entre dos personajes completamente entregados y perturbados. Adaptando la historia real de los conocidos asesinos de la luna de miel, que ya fue llevada al cine por Leonard Kaslte en 1970 y posteriormente por Arturo Ripstein en “Profundo Carmesí”.
Du Welz divide su historia en cuatro capítulos, todos ellos titulados con nombres de mujer y que corresponden al in crescendo de locura, pasión y muerte entre sus dos protagonistas, Michel (Laurent Lucas, actor fetiche del director) y Gloria (una arrolladora y aterradora Lola Dueñas). Rodada de un modo agresivo e incluso antiestético, con abuso de primeros planos, e impregnada por una atmósfera insana y opresiva, Du Welz logra transmitir los violentos impulsos sexuales y homicidas de sus personajes así como la sensación de fragilidad y tragedia en sus comportamientos. Incluso, hay tiempo para que reluzcan esos momentos de inesperada extravagancia comunes en el cine del realizador belga, como ver a Dueñas cantar una canción antes de hacer pedazos a una de sus víctimas o un baile desnudo alrededor de un fuego que sirven para aumentar las dosis de demencia de una película que incomoda y remueve en la butaca. La creíamos candidata al premio gordo del festival pero finalmente se fue de vacío.
El que no se fue de vacío a pesar de que su película a pocos premios va a poder optar, fue Antonio Banderas, reconocido con el Gran Premio Honorífico del Festival y que presentaba en persona su último trabajo como actor y productor, “Autómata” (Gabe Ibañez, Bulgaria, España), una suerte de “Blade Runner” y “Yo Robot” que introduce los eternos dilemas inherentes a la ciencia-ficción con robots/autómatas y a la que a pesar de su esmerado diseño de producción se le notan a leguas las carencias de presupuesto. La cinta es esforzada y bienintencionada pero carece de fuerza e interés en una trama manida y llena de lugares comunes del género, algo de lo que se contagia un Antonio Banderas, en el que no será, precisamente, uno de los mejores papeles de su carrera homenajeada en el Festival. Por cierto, también sale Melanie Griffith, casi irreconocible debido a su última cirugía facial. 
Día 7: I am the walrus 

A pesar de quedar un par de jornada más de festival es nuestro último día en Sitges, de ahí que decidamos no perdernos el último trabajo de Kevin Smith, el cual se proyectará en el Auditori del Hotel Melia cuando ya no estemos en Sitges, para lo cual acudimos a otro de las sedes del Festival, el Cine Retiro para adelantarnos a la jugada y ver en sesión matinal, “Tusk” (Kevin Smith, EEUU). Todavía no he podido sacar de mi cabeza las imágenes de “Tusk”, película bizarra, grotesca y cachondisima basada en un caso real narrado por Smith y su colega Scott Mosier en su podcast personal “Smodcast”. De ahí que Smith haya escrito a los personajes de “Tusk” como si de ellos mismos se tratasen; un par de jóvenes, que interpretan Justin Long (Wallace) y el niño de “El Sexto Sentido”, Haley Joel Osment (Teddy), que realizan un podcast sobre gente friki. Wallace viajará a Canadá para entrevistarse con uno de esos frikis, pero sus planes se tuercen, teniendo que improvisar sobre la marcha y acabando en la cabaña de un viejo canadiense amante de las morsas.
“Tusk” es, posiblemente, uno de los trabajos mejor ejecutados de Smith, repleta de mala uva e imágenes y situaciones salvajisimas. Tiene un ritmo excelente, largos gags en forma de monólogos, cameos de actores que nunca creerías y un villano fabuloso, Michael Parks, que continúa su idilio con Kevin Smith, tras ganar el premio a Mejor Actor en Sitges 2011 por su anterior colaboración, la muy comentada “Red State”. Una película que dará que hablar y que esperamos consiga distribución en nuestro país. 
Todavía alucinados por la bestialidad ofrecida por Kevin Smith, nos metemos de lleno en una comedia que provocó las mayores carcajadas del Festival. “What we do in the shadows” (Taika Waititi, Jermanie Clement, Nueva Zelanda) es un falso documental o mockumentary sobre 4 vampiros que comparten piso y tareas del hogar. Creada por los responsables de la serie “Flight of the Conchords”, es sin duda la comedia más hilarante, absurda y genial de esta edición de Sitges. Ver a los cuatro vampiros viendo puestas de sol en youtube o rogando que les inviten, como buenos vampiros que son, a entrar a discotecas, son algunos ejemplos de los inspiradísimos gags que contiene “What we do in the shadows” que merecidamente consiguió el premio del público.

La siguiente película fue “It Follows” (David Robert Michell, EEUU), una de los títulos de la competición oficial que más ha dado y está dando que hablar una vez finalizado el Festival. 
Una película que no encajé demasiado bien durante su proyección, aunque hay que reconocer que genera debate y reflexiones posteriores a su visionado. Cuenta la historia de una chica (Maika Monroe, a la que también vimos en “The Guest”) que tras tener un lío de una noche con otro chico empieza a notar la presencia de gente que le persigue. Avisada por el chico de que al tener relaciones con él ha empezado su infortunio, deberá mantener sexo con otra persona para lograr desprenderse de la maldición en forma de peligrosas apariciones fantasmales. Con una dirección muy sugestiva y misteriosa, esta especie de “Pesadilla en Elm Street” que sustituye el sueño por el sexo, cuenta con pocos alardes, escasa trama argumental y unas imágenes que transmiten sensación de inquietud, la propia que tienen sus adolescentes protagonistas en pleno paso de la adolescencia y la madurez. Inquieta sí, pero también importuna por los vacíos de su desarrollo. Yo la titularía “el sífilis del mal”. 
Para finalizar nuestro Sitges, nos acomodamos en la butaca para comprobar si las buenas críticas recibidas en San Sebastian por la coproducción hispano-argentina “Relatos Salvajes” (Damian Szifrón) son ciertas. Con la productora de Almodovar, “El Deseo” tras ella, candidata a optar al Oscar por Argentina y una agresiva campaña de promoción, “Relatos Salvajes” lo tiene todo para triunfar en la taquilla, principalmente por ser un fiel reflejo del ciudadano medio indignado y enfadado, alimentado en su ira por la crisis. También por ser una película ingeniosa, atrevida y capaz de ejecutar esas pequeñas venganzas diarias y cotidianas contra el funcionario remolón, el político caradura o el conductor desobediente a los que todos hemos odiado en algún momento. “Relatos Salvajes” es “Un día de Furia” dividido en diferentes episodios, desiguales en su conjunto pero todos divertidos e incluso terapeúticos. Una válvula de escape a la mala leche contenida por el español de a pié en forma de gran película con excelentes actores (Ricardo Darín o Leonardo Sbaraglia), buena música y un fino guión. Un buen colofón a un festival que como toda celebración que se precie nos ha devuelto la ilusión (si es que alguna vez la perdimos) por disfrutar el cine en pantalla grande rodeado de gente que entiende las películas como el medio de evasión libre, sin límites y popular. Una fantástica experiencia.

PALMARES 47 EDICIÓN FESTIVAL SITGES
Sección Oficial Fantàstic Sitges 47
Premio a la mejor película: I ORIGINS, de Mike Cahill.
Premio especial del jurat: THE BABADOOK, de Jennifer Kent.
Premio a la mejor dirección (patrocinado por Gas Natural Fenosa): CUB, de Jonas Govaerts.
Premio al mejor actor (patrocinat por Autolica – Mercedes Benz): 
Nathan Phillips por THESE FINAL HOURS, de Zak Hilditch.
Koji Yakusho por THE WORLD OF KANAKO, de Tetsuya Nakashima.
Premio a la mejor actriz:
Essie Davis por THE BABADOOK, de Jennifer Kent.
Julianne Moore por MAPS TO THE STARS, de David Cronenberg.
Premio al mejor guión: YOUNG ONES, de Jake Paltrow.
Premio a la mejor fotografía: JAMIE MARKS IS DEAD, de Carter Smith.
Premio a los mejores efectos especiales: THE SIGNAL, de William Eubank.
Premio al mejor cortometraje (patrocinado por Fotogramas): OSCAR DESAFINADO, de Mikel Alvariño. 
Mención especial:
POS ESO, de Sam.
WHAT WE DO IN THE SHADOWS, de Taika Waititi y Jemaine Clement.
A GIRL WALKS HOME ALONE AT NIGHT, de Ana Lily Amirpour.
SPRING, de Justin Benson y Aaron Moorhead.
Gran Premio del Públic (patrocinado por El Periódico de Catalunya) (Sección Oficial Fantàstic en Competició)
Premio a la mejor película (otorgado por votación popular de los espectadors del Festival): WHAT WE DO IN THE SHADOWS, de Taika Waititi y Jemaine Clement.
Premios Sección Oficial Fantàstic Òrbita
Premio a la mejor película: HYENA, de Gerard Johnson.
Premio al mejor director: COLD IN JULY, de Jim Mickle.
Mención especial: ’71, d’ Yann Demange.
Premios Sección Oficial Fantàstic Panorama
Premio al mejor largometraje: THE TREATMENT, de Hans Herbots.
Mención especial: CREEP, de Patrick Brice.
Premios Méliès d’Argent
Premio al mejor largometrajee: GOODNIGHT MOMMY, de Veronika Franz y Severin Fiala.
Premio al mejor cortometraje: AUTUMM HARVEST, de Fredrik S. Hana.
Premios de la Crítica
Premio José Luis Guarner a la mejor película: RÉALITE, de Quentin Dupieux.
Mención Especial de la crítica: GOODNIGHT MOMMY, de Veronika Franz y Severin Fiala.
Premios Citizen Kane
Premio al mejor director novel: A GIRL WALKS HOME ALONE AT NIGHT, de Ana Lily Amirpour.
Mención especial: WHEN ANIMALS DREAM, de Jonas Alexander.
Premios Noves Visions
Premio a la mejor película de ficción: HAN GONG-JU, de Lee Su-jin.
Premio a la mejor película de no ficción: NON-FICTION DIARY, de Jung Yoon-suk.
Mención especial: THE DUKE OF BURGUNDY, de Peter Strickland.
Premios Focus Àsia
Premio a la mejor película: MAD SAD BAD, d’Han Ji-seung, Kim Tae-yong y Ryoo Seung-wan.
Mención especial: HWAYI: A MONSTER BOY, de Jang Joon-hwan.
Premios Anima’t
Premio al mejor llargmetratge de animació: THE SATELLITE GIRL AND MILK COW, de Chang Hyung-yun.
Premi al millor curtmetratge d’animación: PINEAPPLE CALAMARI, de Kasia Nalewajka.
Mención especial: DINNER FOR FEW, de Nassos Vakalis.
Premio Brigadoon Paul Naschy
Premio al mejor cortometraje fantástico presentado en esta sección: LINE UP, de Àlex Julià.
Premios Jurado Carnet Jove
Premio a la mejor película de Sección Oficial Fantàstic Sitges 47:
A GIRL WALKS HOME ALONE AT NIGHT, de Ana Lily Amirpour.
CUB, de Jonas Govaerts.
Premio a la mejor película de la sección Midnight X-Treme: THE HOUSES OCTOBER BUILT, de Bobby Roe.
Premio Emergentes: AMOR ETERNO, de Marçal Forés.
Premio Experimenta: THE TRIBE, de Myroslav Slaboshpytskiy.
Premis Phonetastic Sitges Mobile Film Festival
Premio al mejor cortometraje: SECTOR ZERO 4, de Alfonso García López.
Premio del públic: INTRUSOS, de Iván Mourin.
Premio Blood Window
THE STRANGER, de Guillermo Amoedo
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