27 de noviembre de 2006
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La adaptación de este popularísimo best-seller creado por el alemán Patrick Süskind en los años 80, tenía un alto grado de riesgo. Un riesgo en el que podía caer fácilmente el director que se pusiese al frente del proyecto.
La historia de este personaje llamado Jean Baptiste Grenouille, asesino pero también un ser único en su especie, podía dar pie a saltarse “a la torera” la sensibilidad aportada por Süskind a la hora de recrear un mundo de olores, suciedad, enfermedad y talento, para llevar a cabo una mera historia de asesino en serie, psychokiller o llámasele como quiera.

Afortunadamente esto no ha sido así. El también alemán Tom Tykwer, director de “Corre Lola Corre”, ha sabido entender a la perfección ese mundo planteado por Suskind y lo más importante, ha sido consciente en todo momento de que el secreto del éxito de la novela y por consiguiente de la película, radicaba en hacer del personaje de Grenouille NO un asesino motivado a matar por simples impulsos, sino un personaje con un conflicto interno que le hace saberse único, capaz de desarrollar un sentido como un poder y una necesidad de vida, pero puesto en un mundo en el que su agudeza se ve desbordado.

Gracias a esa fidelidad y entendimiento a la hora de traer a la pantalla a Grenouille, Tywker ha partido con una gran ventaja a la hora de abordar la película.
Tom Tykwer ha hecho que esta adaptación, a priori imposible para muchos como Kubrick o Spielberg, haya parecido un trabajo sencillo, debido a la entereza y personalidad con la que ha sido capaz de llevar a imágenes todo lo descrito en la novela.
De un modo muy academicista, correcto y sobrio, el alemán ha sido capaz de otorgar credibilidad a Grenouille y de trasladar el mundo de los olores a la pantalla grande y todo ello sin traicionar a la obra original, a la que es fiel durante la práctica totalidad del metraje.

Muchos dudaban de si ese universo de olores podría tener cabida en el celuloide. Pero si al igual que Süskind se las ingeniaba a través de maravillosas descripciones para que de la novela emanase aroma, Tykwer ha logrado que la película sea una buena oda al perfume de las cosas gracias a virtuosos planos detalle y primeros planos de los objetos u elementos que el olfato del personaje percibe. “El perfume” desprende el olor de lo femenino, de la naturaleza, de las flores, pero también de la muchedumbre parisina de hace tres siglos, lo mugriento y lo haraposo.

Apoyado en una voz en off (que en la versión original pone John Hurt) “El Perfume” se desarrolla como el cuento de un ser singular y extraordinario, lleno de ingenuidad pero al mismo tiempo de pasión por el único sentido que mueve su existencia, el del olfato.
Ben Whishaw es un excelente descubrimiento interpretativo. Él es un Grenouille tremendamente convincente, a pesar de no ser un tipo horripilante, como la novela describe en algún momento.
Con unas pocas líneas de dialogo, Whishaw imprime carácter a su personaje con su poderosa mirada y con el gesto correcto en cada situación.

El envoltorio de ese “Perfume” es complaciente y comedido. También bello. El ambiente de la Francia del Siglo XVIII mezcla de decadencia y grandeza, sordidez y opulencia esta recreado en sus dosis exactas, de un modo impecable técnicamente hablando y aderezado con una preciosa música creada por el propio director y sus dos músicos habituales Heil Reinhold, Johnny Klimek.
Tywker, sabedor de los puntos fuertes y los que no lo son de la novela, decide apuntar únicamente unos detalles de la estancia del personaje protagonista en los montes, uno de los momentos más arduos y difíciles en la lectura de la obra literaria y hace bien en no olvidar los momentos de ironía de la historia.

Dustin Hoffman (tiene gracia eso de ver a una de las narices más famosas de Hollywood como es la suya, aprovechada para la causa), Alan Rickman y Rachel Hurd Wood completan el reparto de esta película en la que el lucimiento es puramente para Whishaw, por lo que estos se limitan a cumplir su labor con oficio.

Siendo una película que contiene muchos más aciertos que fallos, y que se establece como una buena adaptación de un libro que era difícil adaptar, Tykwer se deja llevar por su afanada intención y extremado esmero, alargando innecesariamente el metraje de “El Perfume” y mostrándose reiterativo y cargante en su parte final, como si no hallase el momento justo para ponerle fin, algo de lo que acaba resintiéndose la película.

Ese seria el único pero posible de “El Perfume”, una adaptación cinematográfica de altura, tal y como merecía la novela de Patrick Süskind que fue y es capaz de apasionar a tantos y tantos lectores de todo el mundo. Sin duda, un gran trabajo el llevado a cabo por Tom Tykwer.
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24 de noviembre de 2006
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Hoy he tenido la misma sensación de tristeza y a la vez de agradecimiento que he tenido todas y cada una de las veces que he visto "Cinema Paradiso".
Hoy me he sentido como ese Toto adulto que recibe la noticia de la muerte de Alfredo y vuelve a sus origenes para traer a su memoria momentos de cine y esplendor.
Hoy ha muerto Phillippe Noiret, el proyeccionista Alfredo de ese canto al séptimo arte que es "Cinema Paradiso". Y además de ello un grandisimo actor.

La capacidad de la cinta de Giusseppe Tornatore para emocionar y poner un nudo en las gargantas de todo cinéfilo viviente hace que ahora, en la muerte de este elegante francés, todos nosotros traigamos a nuestra mente aquella maravillosa historia de celuloide, cabinas de proyección, cine clásico y patio de butacas. Noiret dejó su granito de arena en el corazón del amante del cine con la soberbia interpretación de Alfredo y tan solo es necesario escuchar las notas que compuso Ennio Morriconne para "Cinema Paradiso" para tener su rostro muy presente.

Pero además de ese gran papel en esa incomparable película, Phillippe Noiret fue uno de los grandes de la interpretación europea y que fue reconocido en la Meca del Cine como tal.
Su debút fue en "La Pointe courte" de Agnes Varda y tras ella vinieron multiples trabajos entre Francia, Italia, España, Inglaterra y Estados Unidos. "La gran comilona" de Marco Ferreri, tan polemica en su día, "La Familia" de Ettore Scola, "Alrededor de la medianoche" de Bertrand Tavernier, "El cartero y Pablo Neruda" de Michael Radford, donde encarnaba con brillantez a Pablo Neruda o "Siete veces mujer" de Vittorio de Sica, al lado de gente como Peter Sellers y Shirley Mclaine, fueron algunas de sus películas más notorias. Incluso llegaria a trabajar con Alfred Hitchcock en "Topaz" y con George Cukor en "Justine".

Ganador del BAFTA y Premio del Cine Europeo al Mejor Actor por "Cinema Paradiso", con dos premios Cesar en su haber y dos David de Donatello, Phillippe Noiret fue todo un señor de la interpretación del viejo continente. Ahora a los 76 años nos ha dejado, en unas semanas aciagas para el cine, en la que hemos perdido a Jack Palance, Robert Altman y Phillipe Noiret, sin ni siquiera esperarlo.

Siempre le recordaremos en una cabina de proyección montando besos censurados y sabiendo, aún sin vista cuando una película estaba desenfocada. No es la primera vez que le perdemos. Ya fue tan real su adiós en la cinta de Tornatore, que volvemos a derramar lagrimas por él.

Adiós Alfredo.

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23 de noviembre de 2006
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La dirige un tal Larry Charles (responsable de “Masked and Anonymous”) pero aquí el director es lo de menos. Sacha Baron Cohen es el alma total y absoluta de “Borat”, el reportero kazajo, que deja su Kazajistan natal para realizar un reportaje por los Estados Unidos de América, acompañado por su productor Azamat Bagatov con la intención de crear unas “enseñanzas culturales de América para beneficio de la gloriosa nación de Kazajistan” pero que en realidad acabará sacando a relucir las vergüenzas del americano medio.

El caso es que “Borat”, con este planteamiento a medio camino entre el falso documental y la cámara oculta, ha sido aplaudida por la crítica y apoyada por el público americano, que la ha alzado al número uno de la taquilla en sus dos primeros fines de semana, consiguiendo unas cifras globales nada desdeñables para un film de estas características.

Se ha dicho de ella que si es la mejor comedia del año, que si es una obra maestra (según palabras de Jordi Costa), asi como una infinidad de halagos más, todos altamente positivos.
Para mi “Borat” no es precisamente nada del otro mundo, y me resulta cuanto menos curiosa la unanimidad crítica que esta recibiendo, cuando lo normal en este tipo de productos es que sean vapuleados y denostados por público y crítica.
Algo tendrá “Borat” que no tengan otras y si en esta ocasión la cosa ha salido bien, se debe principalmente al arrojo con el que Sacha Baron Cohen ha creado al reportero kazajo y a su falta de escrúpulos a la hora de mofarse de cualquier ser humano viviente, tenga la condición que tenga, algo que muchos han aplaudido, más cuando el objeto de estas bromas es el americano medio, ese al que ya han denunciado con artes similares (aunque no con un descaro tan aplastante) gente como Michael Moore o Trey Parker y Matt Stone. Algo, sin duda, elogiable,

Con el arma de un personaje antiestético y desagradable en un mundo que ignora (una especie de Torrente español mezclado con el Paco Martínez Soria de “La ciudad no es para mi”) “Borat” es un cúmulo de vacías burlas y ofensas indiscriminadas hacía todos los sectores de la sociedad americana. Durante una hora y veinte minutos, vemos a un Sacha Baron Cohen entregado por la causa y encarnando con empeño a Borat Sagdiyev en una especie de road movie (con Pamela Anderson como meta) que en su viaje va cazando diversas entrevistas reales capaces de sacar alguna que otra declaración sonrojante de aquellos americanos entrevistados, quedando estos en evidencia y demostrando la estulticia imperante en aquel país (generalizando, claro está). Esto se establecerá como el gran logro de esta película, pero que tampoco es nada nuevo.

Es “Borat” una comedia escatológica, hiriente e incorrecta, pero también deshilvanada e imperfecta, aun bajo su clara intención de serlo. Aunque el principal error de “Borat” reside en ese autoconvecimiento de que transgresión es igual a humor. Baron Cohen cree en algunos momentos de la cinta que solo con ser racista, homofobo, misógino, ignorante o antisemita y enfrentarte a los grupos que repudian todas estas condiciones es un ejercicio de valentía humorística. A veces le funciona (sobre todo cuando logra escandalosas declaraciones de algún que otro americano) pero otras no (la familia judía), y en eso la cinta se resiente, dejando cierta sensación de descompensación.

Un producto de estética desagradable y de intenciones demoledoras, que requiere un visionado libre de prejuicios y con ánimo de diversión y que no resiste demasiados análisis. Posiblemente la crítica haya tratado a esta película con el desenfado que merece, puesto que no todas las cintas deben ser medidas con el mismo rasero, pero ello no quiere decir que “Borat” sea una de las grandes comedias que ha dado el cine en los últimos años, algo que puede llevar a engaño al espectador medio. El tiempo dirá que es realmente “Borat” y si su descaro es recordado, aunque me temo que no tiene el empaque suficiente para hacerlo.

Eso si, lo que será recordado, será una de sus secuencias, con el gordo y peludo productor de Borat en pelota picada peleando con el susodicho kazajo. La más grotesca de todas las secuencias que el cine comercial ha visto jamás. Ahí queda.
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21 de noviembre de 2006
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La magia vuelve a estar de moda para el cine. Lejos quedan ya aquellos inicios de este arte, en los que Melies jugó un papel fundamental apoyado en los trucos de ilusionismo, que contribuyeron a que el cine tal y como lo conocemos hoy en día, fuese posible. En este año, la magia, como en los primeros años del séptimo arte, vuelve a ser protagonista en distintas producciones.

Por un lado teníamos a Woody Allen encarnando a un cutre mago de nombre Splendini al servicio de una historia eminentemente cómica en “Scoop”. Allen ya había mostrado años atrás su gusto por los prestidigitadores e ilusionistas, jugando con ese elemento en “La Maldición del Escorpión de Jade”.
Después de “Batman Begins” y tras las excelentes “Memento” e “Insomnio”, Christopher Notan también se ha apuntado a la magia. “The Prestige” nos hablará de dos magos en continua pugna por ser el mejor mago del mundo, Hugh Jackman y Christian Bale, los cuales no dudarán en robarse trucos en su afán por conseguir dicha distinción.

Y ahora, nos llega “El ilusionista”, una cinta basada en un relato corto de Steven Millhauser titulado "Eisenheim the Illusionist" y bajo la dirección de Neil Burger (responsable del falso documental “Interview with the Assassin”).

“El ilusionista” es una de esas pequeñas y modestas producciones hollywoodienses que desprenden un enorme respeto por la historia que se han propuesto contar. Una de esas películas que bajo su apariencia de film de bajo presupuesto, cuidan al máximo su ambientación, resultando más conseguidas y acertadas que muchas de las cintas con dólares y dólares invertidos en ellas.
Se puede afirmar que “El ilusionista” es un pequeño gran logro fílmico. Una drama de época simple pero muy efectivo, capaz de hipnotizar al espectador con sus imágenes con el fin de que este no despegue ojo de la pantalla.

La cinta nos sitúa en la Viena imperial, adonde un misterioso ilusionista, de nombre “Eisenheim el ilusionista” (Edward Norton) llegará para sorprender a sus ciudadanos. Allí encontrará a Sophie (Jessica Biel), su amor de la infancia y que ahora está prometida con el príncipe heredero Leopold (Rufus Sewell).

“El ilusionista” tiene los elementos necesarios para lograr el interés del público asistente como Eisenheim el ilusionista lo logra con sus sorprendentes trucos de magia. La Viena Imperial, magnifica y bella, política y cultural, está muy bien recreada (y con una economía de medios elogiable), la cuidada ambientación y decorados sobrios, la música de Phillip Glass (que recuerda a la que el propio compositor hizo para “La Horas”) muy a tono con las imágenes y una fotografía del británico Dick Pope que evoca perfectamente los comienzos del siglo XX en que se sitúa la trama, así como al todavía tierno cine de aquellos años.
Además de todo ello, “El Ilusionista” tiene un aliciente añadido, el de los trucos de magia que lleva a cabo Edward Norton, igual de sobrios y elegantes que el conjunto de la película, y que hacen que el público asistente a la sala vea un espectáculo doble; cinematográfico y mágico.

La dirección de Neil Burger es digna de elogio. Con un guión propio y adaptando una historia corta que alarga sin que el guión se resienta, Burger ha creado una romántica narración que toma elementos clásicos, como el amor entre personas de diferente clase o un poder corrupto. Burger maneja y ejecuta todos los elementos técnicos y narrativos a la perfección y deja que en el envoltorio planteado, Edward Norton, el secundario de lujo, Paul Giamatti, Jessica Biel y el eterno villano Rufus Sewell (malo malísimo en “La leyenda del zorro” o “Destino de caballero”) hagan valer su talento y veterania dentro de sus papeles. El duelo continuo entre Giamatti y Norton es de altos vuelos y sus encuentros son uno de los tantos aciertos de la tiene esta película.

Sin duda, “El ilusionista” es una grata sorpresa, muy bien estructurada, misteriosa y bella. Una pequeña producción dentro de la cartelera actual que sin artificios, grandes presupuestos o ambiciones ampulosas, nos ofrece 110 minutos de buen cine, con unos elementos bien orquestados para el disfrute de todos los asistentes a la sala. Una película que hay que ver con los mismos ojos con los que se mira un truco de magia, sin pedir demasiadas explicaciones antes de que acabe el truco.
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20 de noviembre de 2006
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Llevo casi una semana sin actualizar. La escasez de tiempo unida a la falta de esa inspiración que el séptimo de los cielos me pide, han hecho que en cada una de sus visitas a este modesto blog, hayan visto una y otra vez la cara de Bardem como monje del Santo Oficio en "Los Fantasmas de Goya". Pues bien, cuando estaba a punto de llegar a un nuevo día sin actualizar y cuando ya reposaba mi díscola cabeza en la almohada...me ha venido la inspiración, y esta lo ha hecho en forma de parecido razonable.

Porque ¿no me digan ustedes que el señor hindú Manoj Night Shyamalan, responsable de que Haley Joel Osment viese fantasmas o Paul Giammatti ninfas marinas (ahora conocidas como narfs) no es clavadito al responsable de la machacona "Otro día más sin verte", el cubano Jon Secada?.
Les dejo un par de muestras visuales para que puedan comprobarlo ustedes mismos y vuelvo a la cama. Si una idea lo suficientemente feliz y ocurrente vuelve a mostrarse ante mi, no duden de que tendrán noticias.Buenas noches.
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13 de noviembre de 2006
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El último trabajo de Milos Forman, lo relaciona de lleno con nuestro país España. “Los Fantasmas de Goya” está rodada en localizaciones españolas, buena parte de su reparto es nacional, así como su equipo técnico (encabezado por Javier Aguirresarrobe como director de fotografía) y tiene a la figura de Goya como personaje secundario de la trama propuesta.
Como si de la cinematografía patria se hubiese contagiado, “Los Fantasmas de Goya” es una cinta capaz de lo mejor y también de lo peor, imponiéndose esto último en el acabado final de la película.

No comienza mal la cinta, aunque cueste acostumbrarse al pésimo doblaje español (esta es una cinta que por numerosas razones debería verse en versión original y que será contemplada y valorada con una mayor objetividad por el espectador no español) que hace que la interpretación de su máximo protagonista, Javier Bardem, pierda enteros.

Su primera aparición en pantalla demuestra que el actor de “Antes que Anochezca” tiene un porte y una presencia aplastante en pantalla, que le dota de fuerza y carácter a sus personajes. En eso Bardem demuestra que es uno de los mejores actores del panorama internacional actual. No obstante, en esta ocasión e interpretando al Hermano Lorenzo, un monje de aspecto e intenciones siniestras, el actor hace gala de unas importantes dosis de sobreactuación que lastran la posible buena composición de su personaje (algo en lo que su autodoblaje también juega un papel decisivo).

El director de “Amadeus”, Milos Forman, lleva a “Los Fantasmas de Goya” por una senda muy similar a la seguida en su biopic sobre Mozart. Demuestra moverse como pez en el agua en obras que toman míticos personajes del mundo del arte para construir una ficción a su alrededor y relacionarla con momentos trascendentales del periodo histórico en que se ambienta. Al igual que Forman sacó un excelente partido de la confrontación Salieri-Mozart, que hacia de “Amadeus” un retrato tan interesante cinematográficamente como respetuoso con la obra del legendario músico, en “Los Fantasmas de Goya”, Forman, mezcla la historia de España, con fases creativas del pintor aragonés (encarnado con suma corrección por Stellan Skarsgaard) y su choque con un personaje de tintes perversos, como es el Hermano Lorenzo.

“Los Fantasmas de Goya” funciona, al menos durante sus primeros 45 minutos de metraje, aquellos en los que Milos Forman hace lo que mejor sabe, con elegancia, mesura y talento. Es obvio, que la historia no tiene el potencial que tenia “Amadeus” y que han pasado los años para el director checo, pero el interés se mantiene, apoyado en el guión del reputado Jean Claude Carriere, y en el motor de la historia que es Inés de Bilbatua, papel interpretado por Natalie Portman, la cual será considerada hereje por la Inquisición.

Actores españoles desfilan por “Los Fantasmas de Goya”. Blanca Portillo, Mabel Rivera, Unax Ugalde, Fernando Tielve, Tamar Novas o Carlos Bardem hacen pequeñas apariciones y solo José Luis Gómez (visto en “El Séptimo Día”) cobra un protagonismo mayor en la que, sin duda, es la mejor secuencia de todo el film.
Como si toda la fuerza de Forman se hubiese perdido en ese estupendo momento, lleno de tensión contenida (en la que José Luis Gómez y familia interrogan y someten al Hermano Lorenzo), la cinta decrecerá en su interés de una manera vertiginosa.

Un fundido en negro y un avance temporal de 15 años, afectan irrevocablemente a “Los Fantasmas de Goya” justo cuando se encontraba en su mejor momento. Carriere y Forman se preocupan ahora por los acontecimientos de aquel periodo español, cuando anteriormente se habían encargado de contar una historia de inquisidores, falsos culpables, intereses sexuales, pintores brillantes y reyes caprichosos.
Un cambio de registro que aboca a “Los Fantasmas de Goya” al más absoluto fracaso.

Porque desde este momento la cinta se convierte, desgraciadamente, en un folletín desdibujado que pretende abarcar muchos temas sin decidirse por ninguno.
Natalie Portman tendrá ahora un doble papel (con una fea dentadura postiza digna de mención), Bardem será ahora un afrancesado acomodado y Goya por fin será sordo. Ahora el interés es la búsqueda de la hija que Inés de Bilbatua tuvo en un calabozo, y a la que Goya y una deformada Inés, buscarán desesperadamente, en tiempos de guerra y convulsos para la nación. Absolutamente nada tiene que ver este giro argumental con la acertada primera parte del metraje. Un giro que hace de “Los Fantasmas de Goya” una película desequilibrada y fallida, y que parecerá de broma para el espectador español cuando este contemple la aparición de Cayetano Martínez de Irujo, en un papel más apropiado para un “Torrente” que para un cinta de estas características (eso si, esto solo será observable por el espectador patrio)

Toda una lastima, ya que si el director checo hubiese seguido en la línea con la que iniciaba el film estaríamos hablando de una estimable película, capaz de juntar a Bardem, Portman, Carriere, Forman, Aguirresarrobe y la figura de Goya en una única cinta.
Se han notado los años del veterano Forman, lejos de su mejor forma, pero también ha dejado algún buen apunte del director que fue, ganador del Oscar en dos ocasiones y experto en retratar en la gran pantalla vidas de personajes notorios; Mozart, Flint, Kauffman y ahora Goya, en una película que se perdió en el camino.
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11 de noviembre de 2006
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Ha muerto Jack Palance y con él, uno de los secretos o leyendas mejor guardados por Hollywood. Corria el año 1993 cuando Palance fue el elegido para entregar el premio a la Mejor Actriz Secundaria en la entrega de los Premios Oscars de dicha temporada. Las nominadas eran MarisaTomei, Judy Davis, Miranda Richardson, Joan Plowright y Vanessa Redgrave.
Al parecer Palance equivocó el sobre y en lugar de leer el sobre que contenia a la ganadora, leyó el sobre en que se citaba a las nominadas entre las cuales figuraba en primer lugar Marisa Tomei por su papel en "Mi primo Vinny". Palance pronunció sonoramente a Tomei y no siguió al reparar en su grave error. Tomei celebró su premio y subió a recogerlo, mientras solo Palance y la propia Academia sabían que ella no era en realidad la ganadora. Un error que la Academia nunca se atrevió a rectificar o a reconocer.

Tambien cuentan las malas lenguas, que en realidad, Palance si abrió el sobre correcto, el sobre de la ganadora, pero que este, ligeramente ebrio y extremadamente americano, no pronunció el nombre que contenia, sino el de Marisa Tomei ya que está era la única actriz nacida en los EEUU de las 5 nominadas.
El caso es que esa anecdota, cierta o no, se convirtió en una de las más famosas de la historia de los Premios Oscars.

Palance nos deja ahora a la edad de 87 años, después de una carrera para la que aprovechó su rostro de duras facciones en numerosas cintas del oeste.
Debutaría de la mano de Elia Kazan en el año 1950 con "Pánico en las calles", participó en "Raices Profundas" de George Stevens, "Los Profesionales" de Richard Brooks" junto a Lee Marvin y Burt Lancaster o "The Big Knife" de Robert Aldrich, e incluso trabajó con Antonio Isasi-Isasmendi en "Las Vegas, 500 millones".
En los 80 recupero parte del protagonismo que perdio en la década anterior gracias a cintas como "Bagdag Café", "Tango y Cash" o el "Batman" de Tim Burton.
Gracias a la comedia, coprotagonizada por Billy Cristal, "Cowboys de ciudad" consiguió el Oscar a Mejor Actor Secundario. Fue el único de su carrera, aunque no su primera nominación.

Con él cada vez son menos las leyendas de Hollywood que estan entre nosotros.Descanse en paz, señor Palance
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8 de noviembre de 2006
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Alfred Hitchcock dijo; "Nunca trabajes con niños, con animales o con Charles Laughton". Esta afirmación se convirtió en una de las citas más famosas del inglés. Y es que su excesiva rigurosidad y orden en los rodajes de sus películas, en los que todo estaba milimetricamente planificado, se veia amenazado por la presencia de alguno de estos elementos "actorales".
El caso es que Hitchcock trabajó en alguna ocasión con dichos elementos, y ahora en esta habitual sección de "El Séptimo cielo", recogemos algunos de esos momentos ( y no me pongais pegas por poner animales disecados y/o de plastico, que tambien valen para la causa!)

Niños;

1. Trauma infantil en "Recuerda"
2. Asesino de pistola de agua en "¿Pero, quien mató a Harry?"
3. Niña repelente en "La sombra de una duda"
4. Niños hambrientos en "Inocencia y juventud"
5. Niño que va a desaparecer para disgusto de los padres en "El hombre que sabia demasiado"
6. ¡Niña no te acerques a los pajaros! en "Los pajaros"




Animales;
1. Caballo de extraño tacto en "Vertigo"
2. Pajarraco de motel en "Psicosis"
3. Miralos que quietos y que bonicos en "Los Pajaros"
4. Mejor enjaulados en "Los Pajaros"
5. El caballo es mio en "Marnie, la ladrona"
6. Tu lo que quieres es que me coma el tigre en "El hombre que sabía demasiado"

Y ya, para finalizar, una imagen de Charles Laughton para la única ocasión en que trabajo con Hitch, "Posada Jamaica".

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6 de noviembre de 2006
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"Crazy" es una de las canciones del año, que ha hecho de Gnarls Barkley todo un nombre dentro del panorama musical internacional. Haciendo gala de un excelente humor, la banda apareció de esta guisa en los pasados MTV Movie Awards. Una puesta en escena muy apropiada para el evento y en la que podemos deleitarnos viendo a Chewbacca tocar la bateria o al orondo Cee-Lo, cantante de la banda, embutido en el traje del mismisimo Darth Vader. Ocurrencia y cinefilia.
Por cierto que tampoco tienen desperdicio los videoclips de dos de sus mejores canciones, "Smiley Faces" y "Gone Daddy Gone". Disfrutarlos.

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2 de noviembre de 2006
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Woody Allen hizo “Match Point” y se quedo a gusto, relajado, sin presión. Tanto, que para su siguiente película se ha quedado en Londres, ha vuelto a contar con Scarlett Johannson, pero eso si, “Scoop” está hecha en tono de comedia y de las más desenfadadas, un cambio de registro que no es novedoso viniendo de uno de los directores cómicos más relevantes que ha dado el cine, pero si inesperado para muchos, que esperaban de su siguiente film una continuación del estilo iniciado con “Match Point”.

El caso es que Allen ha logrado de “Scoop” una cinta francamente divertida, en un momento frágil para la comedia americana, y eso se agradece. Su argumento no es el más original, ni el más complejo, pero le ha valido a Woody para desarrollar los elementos de comedia habituales de su cine, con un buen resultado.

La historia de “Scoop” juega con el crimen (como ya lo hacía “Match Point”), en concreto con la investigación que inician una ingenua periodista universitaria y un mago de medio pelo, para desenmascarar la verdadera identidad del “asesino del Tarot” que anda matando a jóvenes morenas de pelo corto. Gracias a un soplo, el principal sospechoso es un hombre de la alta sociedad, Peter Lyman (un elegante Hugh Jackman), al cual seguirán la pista.

Desde la primera aparición de Woody Allen notamos cuanto echábamos de menos su incontinencia verbal, su físico apto para la comedia y sus ingeniosos diálogos y chistes.
“Scoop” nos devuelve al Allen más humorístico, que evidenció señales de un posible declive en films como “Un final made in Hollywood” o “La maldición del escorpión de Jade” (aunque estas aun contenían inspirados chistes). Su personaje, un cutre mago de nombre “Splendini” hace gala de una lúcida verborrea durante toda la película, dejandonos alguna que otra frase humorística para el recuerdo. A Allen parece no importarle si los chistes que ha escrito para “Scoop” son buenos o malos, solo los pone en su boca, y de ese atrevimiento, la película sale ganando como divertimento.

Allen juega con la baza de introducir a dos personajes de clase media-baja con la alta sociedad y desarrolla situaciones cómicas a partir de esos encuentros, así como también saca provecho de la torpe investigación llevada a cabo por Scarlett y él mismo, que recuerda mucho a la que ya propuso el neoyorquino en “Misterioso Asesinato en Manhattan”.

Hay grandes dosis de surrealismo y humor absurdo en “Scoop”, en la tradición del Allen primerizo de “Toma el dinero y corre” o “Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo y jamás se atrevió a preguntar”. Además la cinta nos sorprende comenzando con una barca en la que aparecen la muerte con su guadaña y aquellos que acaban de morir, algo tan surrealistamente cómico como aquella bajada a los infiernos en ascensor de “Desmontando a Harry”.

En cuanto a su reparto, Scarlett Johannson repite con Woody tras “Match Point”. En esta ocasión a Johannson se le ve pelín sobreactuada, componiendo su papel de ingenua correctamente, pero quizás fallando en los momentos más cómicos con una excesiva gesticulación.
Hugh Jackman luce apuesto y distinguido. Está bien en su papel de hombre adinerado de gran reputación, y hace que nos olvidemos de él como Lobezno o como heroe de acción. Mientras, Woody Allen es lo mejor de la película, sin esforzarse demasiado, ya que interpreta un papel que ha interpretado en infinidad de ocasiones.

“Scoop” es por tanto, una ligera, básica y efectiva comedia a la que no hay que poner muchas pegas. Esta hecha por y para la risa del espectador, es mejor que todas las comedias que Allen intentó en los años inmediatamente anteriores a “Match Point” y nos devuelve a un cómico fresco y divertido, que aunque no lo parece está ya en su madurez. Un genio intelectual del séptimo arte y galardonado con el Premio Príncipe de Asturias que se convierte en el mago “Splendini” y para el cual su mayor éxito es comer y no tener acidez posteriormente.

Sin duda, una buena oportunidad para reírse en una sala de cine, algo que no consiguen muchos hoy por hoy.

P.D: (“Scoop” significa en términos periodísticos; “primicia robada a otro”, que es básicamente lo que ocurre, de un modo entroncado con el género fantástico, en la trama de esta entretenidísima película, que no es un Allen menor sino un Allen desenfadado)
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