26 de mayo de 2008
INDIANA, 19 AÑOS MÁS TARDE

Quiero engañarme a mi mismo pensando que me ha gustado, pero no lo consigo.

Y es que tras casi 20 años de espera, los que van desde el estreno de “Indiana Jones y la Última Cruzada”, había ganas, entusiasmo, puede que incluso ansiedad, por ver las nuevas aventuras de Indy.
También ciertas dudas, pues podíamos temer una nueva secuela meramente “recaudatoria” que no estuviese a la altura de las circunstancias. Dudas mitigadas por sus propios creadores, la dupla Spielberg-Lucas, que una y otra vez, llenos de aplomo y seguridad, rechazaban borradores y guiones y descartaban a escritores de renombre (Frank Darabont o M.Night Shyamalan), en su búsqueda del proyecto perfecto que no desentonase con su trilogía madre.

Visto lo visto, y confiando en el buen hacer Lucas y Spielberg, “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” prometía ser un producto sólido, serio, meditado y por tanto, ilusionante.

Una vez llegado su estreno, posiblemente el más esperado en lo que llevamos de siglo, la conclusión es que esta cuarta parte es francamente entretenida, cargada de guiños y homenajes a la saga que bien valen la película entera, pero al mismo tiempo ligeramente decepcionante y no demasiado alejada de esas cintas de aventuras imitadoras (incontables) que surgieron a raíz del estreno de “Indiana Jones en busca del Arca Perdida” en el año 1981.

“Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” se abre en los años 50, con una carrera automovilística al más puro estilo “American Graffiti”, la segunda película como director de George Lucas.
Su comienzo no podía ser más embaucador. Es enérgico, entra de lleno en la acción y nos ofrece a un Jones en estado puro. Se suceden las referencias a la saga (al personaje de Marcus Brody, al propio padre de Indiana, al arca de la alianza, etc) o a otras ajenas ("Salvaje", con la aparición de Labouef a lo Brando) y se vislumbran las virtudes que puede ofrecer la nueva secuela, aunque también algunos de sus defectos, personificados en sus secundarios, demasiado estereotipados y faltos de carisma; Ray Winstone, el “amigo” de Jones, es una mala copia del Sallah de la trilogía original y Cate Blanchett jamás llega a imponerse en su faceta de villana rusa, más por culpa de la poca cancha que le ofrece, tanto a ella como a Karen Allen, el guión escrito por David Koepp ("Parque Jurásico"), que por su propia interpretación.

El guión tiene mucha culpa del tibio resultado final. Se le puede acusar de tener altibajos, de desaprovechar personajes (el de John Hurt es inservible y la recuperación del antiguo amor de Indy, Marion Ravenwood, está malgastada), o de precipitar los hechos en su parte final, con cierta tendencía al efectismo facil y a la resolución rápida de la aventura (¿qué fueron de aquellas emocionantes pruebas y trampas a las que se enfrentaba el intrépido arqueologo?).

Pero si algo es reprochable (y no solo a Koepp, sino también a Spielberg) es la manera en que han sucumbido a los caprichos de George Lucas, el cúal desde hace ya bastantes años, toma sus decisiones cinematográficas teniendo más en cuenta factores ajenos al cine que los verdaderamente esenciales de este arte.
De ahí que no nos extrañe tanto ver en "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal"; ardillas graciosas, monos saltando en lianas o frigorificos que aguantan bombas atómicas , aunque si nos provoque cierto rechazo y un poco de pena.

Independientemente de estos lunares, que enervarán a fans de la trilogía y a cinéfilos varios, "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal" no deja de ser un agradable y nostalgico entretenimiento, que demuestra que Spielberg es el mejor planificando y rodando secuencias de acción y aventuras, que Harrison Ford aún podía ponerse dignamente en la piel del personaje, que John Williams es y seguirá siendo el músico de cine por excelencía y que Shia Laboeuf tiene un futuro muy favorable.

Yo me quedo con la sensación de haber revivido en pantalla grande esta experiencia arqueóloga y aventurera (aún siendo insatisfactoria). Me quedo con la vibrante persecución en moto, con la ambientación de la película y los genuinos toques de humor "made in Jones" que todavía conserva. Me quedo con el sombrero y el látigo, con las civilizaciones perdidas y el "Raiders March" de Williams.

Me quedo con todo eso...y con la trilogía original.
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22 de mayo de 2008
18 de mayo de 2008
INDIANA POR EL MUNDO

Cartel Ruso de "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal"

Curiosos carteles de "En busca del arca perdida". A la izquierda el poster oficial italiano de "I Predatori dell´Arca Perduta" y a la derecha, el cartel alemán de "Jager des verlorenen schatzes"

Los, siempre marcianos, carteles polacos de "En busca del arca perdida"

Así publicitaban en Turquía a "En busca del arca perdida" o "Kutsal Hazine Avcilari"

De nuevo viajamos a Alemania. A la izquierda, otro diseño poco común de "Indiana Jones y el templo maldito", donde el famoso látigo engloba a todos los personajes. A la derecha, poster americano no demasiado conocido de esta secuela.

Nos vamos a Asia. Así se promocionaba el famoso arqueologo entre sus fans nipones.

"El templo maldito", "Temple maudit" para los franceses.


Estética ochentera para el poster alemán de "Indiana Jones y El templo maldito". Y otro ejemplo de los delirantes posters polacos.

No faltan los rostros de Lucas y Spielberg en esta edición japonesa del cartel de "Indiana Jones y la última cruzada".

Y por último, el título de "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal" con su fuente característica, tal y como luce en Armenia, Israel,Italia,Noruega, Corea, Rusia, Taiwan y Turquia.

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12 de mayo de 2008
"LA NIEBLA": AMENAZAS EXTERNAS...E INTERNAS

Raro es el año en que no llega a las pantallas una adaptación de una novela de Stephen King. Recientemente se estrenaba “1408” desigual cinta sobre un relato corto del escritor de Maine, con John Cusack de protagonista, y ahora le llega el turno a “La Niebla” (“The Mist”) del director Frank Darabont.

Por caprichos de los programadores nacionales, “The Mist” (vista en Noviembre en las salas norteamericanas), se estrena con apenas una semana de diferencia con “Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal”, película en la que Darabont, participó muy activamente, escribiendo y rescribiendo el guión y llegando finalmente a discutir con el tándem Lucas-Spielberg por pequeños detalles de la nueva historia del famoso arqueólogo, entroncados con el género de ciencia-ficción de los 50.

Apartado del proyecto por este motivo, Darabont sació sus ansias de serie B de la mejor de las maneras posibles y de la mano de su amigo y aliado, Stephen King, al que ya adaptó en las carcelarias y magníficas, "Cadena Perpetua” y “La Milla Verde”.

“The Mist”, inquietante y también terrorífica, es la, francamente notable, cinta de un director lleno de oficio, que sabe muy bien lo que hace y como generar reacciones en el espectador.
Tomando el relato homónimo de King “The Mist”, que aparecía en el libro “Dark Forces” (donde King compartía protagonismo con Ray Bradbury o Robert Bloch), Darabont consigue lo que no logró Lawrence Kasdan con “El cazador de sueños”, una sólida narración a medio camino entre la ciencia-ficción, el drama y el terror, y que aún transitando por numerosos lugares comunes del género, se muestra como una poderosa e interesante película, con visos de cinta de culto y que sin duda, es una de las mejores adaptaciones de King que hemos contemplado desde los años 90.

Ambientada en un pequeño pueblecito americano, “The Mist” es la historia de una densa niebla que aparece repentinamente en esta población y que contiene una peligrosa amenaza, que impide a sus habitantes salir del supermercado en el que se encontraban en el momento de su irrupción.

Con un cierto aire de pesimismo y desesperanza que sobrevuela durante toda la cinta, “La Niebla” habla del temor, la racionalidad y la fe. Sus atrapados y acongojados protagonistas encuentran en si mismos y los de su alrededor a su peor enemigo. En ese microcosmos humano, Darabont se mueve como pez en el agua, dosificando sabiamente los momentos de tensión dramática con otros de tono fantástico, de terror y/o gore.

Cierto es que el peligro al que se están exponiendo los protagonistas (y que da pie al argumento) es algo externo y devastador, pero no es mucho peor que el aterrador personaje que encarna con gran convicción la actriz Marcia Gay Harden, improvisado villano “en casa”, y que es una de las grandes bazas de la cinta.

Darabont mueve a estos personajes como el que mueve sus piezas de ajedrez. Los encara, los motiva y los asusta, juega con los matices de sus personalidades, generando tensión y angustia, para después mostrarles ese terror desconocido con ecos de Lovecraft y H.G.Wells y que dotará a la película de grandes momentos de horror.

Cuentan que el director pidió a los productores estrenar la película en blanco y negro para así conseguir una mayor semejanza al cine de serie B de los 50, algo a lo que, obviamente, los productores se negaron, pero que Darabont consiguió más allá de la forma. "The Mist" está en la misma liga que "The Blob" ("El terror no tiene forma") o "La Cosa". *

No se debería finalizar la reseña de esta película sin hablar de su final, uno de los más demoledores vistos en mucho tiempo. De esos que uno jamás olvida. Un final diferente al de la novela y del que el propio Stephen King se ha declarado admirador.

Película, por tanto, que encantará a cinéfilos y seguidores del cine de género (contiene homenajes a John Carpenter o Drew Struzan), y que es una grata sorpresa, que tristemente tiene muchas papeletas para pasar desapercibida, por sus continuos retrasos y su escasa promoción.

*(En la edición americana del DVD, ya disponible, se puede ver la película en B/N, tal y como pretendía Darabont en un principio)
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6 de mayo de 2008
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Me apuesto el brazo derecho a que Guy Ritchie ha jugado al futbol. Y no las típicas pachangas entre amigos desfondados incapaces de controlar su cintura a poco que se atrevan con un regate o finta, sino partidos disputados, con entradas a ras de suelo, forcejeos en corners y discusiones por faltas de dudosa legalidad.

Es posible que Vinnie Jones, ex del Chelsea, Leeds o Sheffield United al que Ritchie descubrió como actor, le haya enseñado lo que se vive a pie de campo, o que simplemente, por ser de origen inglés, Ritchie lo lleve en la sangre como buen football supporter que se precie.

El caso es que el director de "Snatch" o "Lock and Stock" (y novio de Madonna) ha rodado el nuevo anuncio de la firma deportiva Nike, conociendo las circunstancias de este deporte, y utilizando la cámara subjetiva, convirtiendose así, en un jugador más que ficha por el Arsenal, se enfrenta al excelente a la par que presumido, Cristiano Ronaldo, marca un gol a pase de Cesc Fabregas o recibe el apoyo de Wesley Sneijder a su paso por la selección. Y lo cierto es que el nivel de realismo y el dinamismo del montaje del clip hacen de él uno de los mejores acercamientos que ha tenido el cine y el fútbol.

Si yo tuviese que rodar una película sobre futbol usaría este recurso capaz de introducir al espectador en pleno partido. Oliver Stone ya hizo algo medianamente similar en "Un domingo cualquiera", pero aquello era otro deporte, más alejado del gusto europeo. El futbol jamás ha visto reproducida su intensidad en una narración de corte cinematográfico, recurriendo siempre al tono de retransmisión televisiva. Guy Ritchie ha dado con la clave y esperemos que sirva como única referencia para una futura película sobre el deporte rey.

Pasen y vean. Con ustedes Cesc, Gallas, Ronaldinho, Rooney, Van Nistelrooy, Ronaldo y...Guy Ritchie.

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2 de mayo de 2008
DE GRANA Y ORO

Me alegra no encontrar en “Iron Man” esa trascendencia que habita en todas o casi todas las cintas de superhéroes de los últimos años. El afán por rebuscar en la sombra del superhéroe, por analizar sus inseguridades y tormentos se había instalado, con mayor o menor grado de profundidad, tanto en Spiderman como en Superman, en Lobezno como en Batman, o con especial intensidad en el “Hulk” de Ang Lee, más honesta que sus anteriores por no querer mezclar, y permítaseme la expresión, “churras con merinas” de un modo tan descarado.

Es principalmente por eso que “Iron Man” me ha divertido muchísimo más que las andanzas místicas de Bruce Wayne bajo el mandato de Christopher Nolan, que los desmedidos bailecitos de Peter Parker en “Spiderman 3” de Sam Raimi, o ese mustio Superman, que nos dibujó el sobrevalorado Bryan Singer.

Directa, con escasez de pretensiones, pero si con un buen y preciso sentido del espectáculo, “Iron Man” reúne todos los elementos obligados para una narración de nacimiento de un héroe y los dota de sentido del humor e irresponsabilidad, la misma de la que ha hecho gala durante toda su carrera, Robert Downey Jr., inmejorable elección para encarnar a Tony Stark.

La industria armamentística, el conflicto árabe y el actual gobierno yankee sirven de para ubicar en un contexto presente al gran héroe de Marvel, creado por Stan Lee (con un brevísimo cameo en la película). Está será la raiz del cambio de Stark, mujeriego, fiestero e indisciplinado, que encontrará en “Iron Man” un nuevo divertimento con el que pasar sus ratos libres.

Divertimento para Stark y para el propio espectador, gracias, en parte, al impecable diseño de producción, al sentido del humor impregnado a estas secuencias del génesis del hombre de hierro, y al modo en que Downey Jr. parece pasarselo en grande poniendose en la piel de este superhombre de comic.

Con un ritmo impecable, en una buena tarea por parte de su director, Jon Favreau (también con pequeño papelito en la cinta), "Iron Man" entretetiene en cantidades industriales, utiliza sabiamente los efectos especiales (sin demasiados alardes pero resultones) y evita esa sensación de llegar agotado a la traca final del film, en la que uno sabe de antemano que se enfrentarán el bueno y el malo para el lucimiento de los efectos visuales.

El antagonista en esta ocasión da tan buen resultado como el protagonista. La presencia de Jeff Bridges como Obadiah Stane, de simple pero efectiva caracterización, es imponente y está bien dosificada. Algo así como lo que ocurre con Terrence Howard y Gwyneth Paltrow, secundarios de apoyo que caen simpáticos y que aparecen en los momentos justos y necesarios.

En definitiva, "Iron Man", con su buen casting y su gran ritmo, es bromista y desenfadada como su Tony Stark y como su hombre de Hierro, al tiempo que es una de las más agradables cintas de supeheroes que un servidor ha presenciado en los últimos tiempos en los que si algo no escasea es precisamente las adaptaciones cinematográficas de Marvel o DC.

Derivará en secuela o trilogía (su potente y chulesca frase final así lo confirma) y si sigue en esta linea, bienvenidas sean.
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