25 de octubre de 2009

No se le puede negar la ambición, Amenabar siempre ha querido dar un paso más en cada movimiento que ha realizado y ese “ir más allá” no le había fallado. Consiguió pronto lo más difícil, que el público vaya al cine solo por tu nombre. Con el espectador y todos los records de taquilla en el bolsillo, la crítica era otra cuenta pendiente, desde “Tesis” ya hay alguno rendido a sus pies aunque con “Los Otros” y con “Mar Adentro” algún otro torció el morro.

En ese ascenso fulgurante del más listo de la clase, tan fulgurante que si se proponía lograr un Oscar, lo conseguía, Amenabar ha dado su primer gran traspiés. A “Agora” el director de “Abre los ojos” le pone la pasión del que se entusiasma por una disciplina y aún en el inicio de su formación cree saber tanto como para transmitirla. Similar a cuando el director se metió a músico y componía las bandas sonoras de sus propias películas, que pueden ser eficaces pero no lo completas que un músico profesional puede crear.

Agora” es filosofía, astronomía, religión, historia de amor e historia de épica. En los tres primeros temas Amenabar es solo un adolescente apasionado con ganas de difundir lo aprendido. En lo segundo está más versado, si bien la amalgama de materias no permite desarrollarlos con la profundidad necesaria como para llegar al espectador.

La historia de Hipatia de Alejandría en el Siglo IV narrada por el impetuoso Alejandro Amenabar acaba convertida en una metáfora de nuestros días donde la oda al feminismo y la defensa del intelecto femenino, la crítica a los fundamentalismos y el examen de la existencia del ser humano en un universo infinito aparecen y desaparecen a lo largo del metraje. Muchos palos que tocar. Amenabar se ve desbordado por toda la teoría estudiada y aprueba en lo que más sabe, la práctica cinematográfica, gracias, principalmente a los más de 50 millones de euros invertidos (haciendo de esta la superproducción más cara del cine español) lo que permiten recrear Alejandría con una factura técnica impecable y al director lucirse en la faceta más plástica de la película, que al fin y al cabo, de poco servirá si el resto no acompaña.

Así “Agora” es una obra tan pomposa como tibia, incapaz de fascinarnos por su universo, incapaz de remover el sentimiento del espectador en momentos diseñados para ello como la destrucción de la Biblioteca o por el triangulo amoroso imaginado. Quiza el casting tampoco ayude, por mucho que la oscarizada Rachel Weisz se esfuerce en lidiar con un personaje que no es precisamente un dechado de simpatía. La Hipatia imaginada por Alejandro jamás hubiese pasado a la historia.
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Written by Roberto García

Escrito con mucho esmero e ilusión desde Albacete. Comenta si te apetece y si no, escucha nuestro programa de radio, que también tiene su aquel.

2 comentarios

  1. Roberfumi says:

    totalmente deacuerdo Rob....¡que frío me dejo esta película!

    Para mi, cuando un personaje historico entra en la pantalla grande deja de ser tal para convetirse en personaje de pelicula, y por esa razón, la hipatia de amenabar me parece insoportable.

    Un saludo Rob....desde que por una cosa y otra tengo el blog parado me desconecté de este mundillo....tengo que aplicarme de nuevo y no olvidarme de los buenos blogs!!!

    Ciao!

  2. robgordon says:

    Esta Hipatía que ha creado Amenabar es antipática. Tampoco el resto de personajes del reparto son un cúmulo de alegría. Entre esto y todos los palos que toca Amenabar sin llegar a decantarse por ninguno en concreto, uno nunca acaba de lograr esa empatía con "Agora" que si se lograba con otras cintas de Amenabar.

    Saludos! Me alegra saber que sigues vivito y coleando ;)