25 de agosto de 2011
SUPER 8; AQUEL MARAVILLOSO CINE


Aterriza “Super 8” en las pantallas para despertar aletargadas sensaciones en el espectador. No es sólo que el público que creció con el cine de los años 80 haya madurado sino que el cine de entretenimiento (ese 3D...) ha mutado en todo este tiempo hasta desintegrar los cimientos de ese aquellas películas donde una pizca de sensibilidad y una insultante inocencia eran rasgos obligados. Y nosotros con él hemos ido silenciando nuestra ingenuidad cinéfila y enterrando otros sentimientos muy básicos que casi siempre dejábamos manifestar dentro de las apagadas salas de proyección cuando de lo que se trataba era de cine familiar.

JJ. Abrams, tipo listo, sabía que aunque ha habido algunos intentos (el primero que me viene a la mente es "Monster House"), ninguno había apostado completamente por mostrarse tan abiertamente retro y ochentero y recurriendo al mejor mentor posible (Spielberg el mesías) y a sus probadas capacidades narrativas para con el espectador (“Lost”), ha concebido un título que apelando a la nostalgia nos devuelve sin complejos a aquellos años y nos hace disfrutar y sentir aquello que vivimos cuando vimos por primera vez “Los Goonies”, “E.T.”, “Exploradores” o “Cuenta Conmigo”, cintas que de una manera u otra están muy presentes durante el visionado de “Super 8”.


Tiene esta película dos ideas fundidas en un todo; el rodaje por parte de un grupo de amigos (excelente e inmejorable el casting) de una película de zombies en formato super 8 y el hallazgo de un accidente militar de consecuencias sobrenaturales. De estas tramas se vale Abrams para confeccionar un pastiche ávido de referencias capaz de aunar el drama, la aventura y la ciencia ficción con la sincronía del mejor de los títulos spielbergrianos.


Lúcida y directa es la manera de explicar, con apenas un cartel y un par de líneas de diálogo, que el protagonista acaba de quedar huérfano de madre y a cargo de un padre incapaz de cuidarlo. Abrams arranca así su historia, situando rápidamente al espectador en el contexto, que no es otro que el de un niño de familia, como mandan los cánones, desestructurada. Pero eso no es óbice para la aventura. La óptica sobre la que se sustenta la película es la del joven Joe y su grupo de amigos y no la del adulto atormentado (algo en lo que es experto otro director que ha sabido recoger el testigo de Spielberg; M.Night Shyamalan). Para ellos la vida sigue y la vida es el rodaje de una película de zombies. Y a partir de ahí empieza el espectáculo, un espectáculo que agradecen nuestras emociones donde reinan los amores de preadolescencia, las inquietudes que empiezan a florecer, las bicis, las urbanizaciones perfectas, las habitaciones llenas de memorabilia , las pandillas, la amistad, la inocencia y el cine: el cine como motor de la historia de “Super 8”. Impecable imitación de fondo de aquel añorado cine, como impecable lo es en la forma; destellos que se reflejan en el objetivo, fotografía granulada, o música a lo John Williams de Michael Giacchino (si hasta el cartel es del diseñador Drew Struzan!). Como si vivieramos en 1982.


Abrams realiza una excelente labor a la hora de retrotraernos a otra época, siendo descaradamente referencial, técnicamente espectacular (el descarrilamiento del tren) y narrativamente maravilloso. Probablemente se encuentre, en su enorme ambición, demasiadas subtramas a solucionar (la relación padre-hijo es la peor parada de toda la cinta) lo cual no supone reparo alguno para una película capaz de ser una brillante recreación de otra época además de una eficaz "monster movie", uno de los géneros favoritos del creador de "Perdidos" o "Cloverfield".



"Super 8" es un canto al cine como evasión, como medio para abrazar sentimientos y vivir experiencias, para cerrar los ojos y viajar a lugares insospechados. Y lo es desde el punto de vista más simple y puro, el de la mirada infantil, esa que un buen día abandonamos como espectadores y que sólo películas como la de Abrams nos permiten recuperar.

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19 de agosto de 2011
MONOS QUE SE INDIGNAN

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Dos preguntas asaltaban a Taylor, el desconcertado astronauta encarnado por Charlton Heston en el clásico “El planeta de los simios”; ¿Qué ha pasado con mi especie?, ¿Dónde y cómo han adquirido los simios semejantes capacidades racionales?.

Lejos de componer una precuela o reboot con el patrón predeterminado y prefabricado del Hollywood actual, “El origen del planeta de los simios” descarta, contra pronóstico, el espectáculo “blockbusteriano” más banal y superficial y opta por la descripción detallada y moderada y empática del alzamiento simiesco así como apunta con sutileza y acierto las claves que dan sentido al concepto primigenio de la saga.

En este reinicio simiesco, el científico Will Rodman (James Franco) investiga con primates una cura para el alzheimer, enfermedad que su propio padre (John Lithgow, aka Trinity) sufre en un estado avanzado. Fruto de esas investigaciones, el simio Cesar desarrollará una inteligencia superior y única que desencadenará el inicio de los males.

Conteniéndose en el lucimiento de los efectos especiales, es el retrato del mono Cesar (Andy Serkis) el que dota de naturalidad y diferenciación a “El origen del planeta de los simios”. La brillante recreación por CGI y la precisión y humanidad con la que ha sido escrito su personaje aportan solidez a una historia llena de guiños al original (esos “ojos claros”, ese cautiverio con mangueras de agua, ese viaje a Marte, etc.) y claramente dividida en dos partes; una primera en la cual se establecen los lazos afectivos entre Rodman y Cesar y una segunda que funciona como reverso primate del clásico de 1969 con su posterior y obligado climax final.

Obviamente, como superproducción veraniega que es, hay personajes manidos (los dueños, malvados, de la casa de acogida animal), poca continuidad en las personalidades de otros (el científico de comportamiento variable) y apenas pinceladas de su crítica al cautiverio animal, pero es lo de menos; “El origen del planeta de los simios” ha preferido analizar las motivaciones de un simio antes que convocar a monos y hombres en una lucha por dominar la Tierra con sus consiguiente explosión de efectos especiales, de ahí que nos encontremos con una precuela insólita, capaz de sorprender por la sencillez, humanidad y honestidad de su propuesta que la acercan al cine de aventuras de otro tiempo y la alejan del artificio de sus producciones contemporáneas. Todo un acierto.
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14 de agosto de 2011
PARECIDOS RAZONABLES: CONDUCTORES NOCTURNOS




Confiamos en que "Drive" (Nicolas Winding Refn,2011) sea una de las películas de la temporada. A su aval de la Palma de Oro al Mejor Director lograda en la pasada edición del festival de Cannes, se le une la práctica unanimidad de la crítica ante el poder visual y narrativo de la cinta, una potente propuesta argumental que engarza con el thriller más puro de los 70 y un reparto perfectamente escogido donde figuran Ryan Gosling, Carey Mulligan, Bryan Cranston (ese Heisenberg!), Christina Hendricks (esa Joane!) o un sorprendente Albert Brooks.

De entre su incipientemente extensa galería de carteles (todos derrochan caracter y estilo) destacamos el que abre este post, el cual nos trae a la mente al mítico poster de otra película protagonizada por un personaje dueño de similares dosis de desarraigo, nocturnidad y agresividad y que se convertiría en un icono de la historia del cine; el Travis Bickle encarnado por Robert de Niro en "Taxi Driver" (Martin Scorsese, 1976), donde casualmente también estaba Albert Brooks en su reparto.

Un cartel estudiado y analizado hasta la saciedad donde destacaba la metáfora religiosa en forma de cruz que conformaban las figuras de Robert De Niro y su amado taxi. Una cruz que ahora, en una parecido probablemente premeditado, imita y/o reverencia "Drive" indicándonos que estamos ante el Travis Bickle y el "Taxi Driver" del Siglo XXI.

Vean el trailer y juzgen ustedes mismos.

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5 de agosto de 2011
ALUVIÓN DE NOTICIAS: AGOSTO NO DESCANSA


Quien dice que el mes de Agosto no depara noticias. Será la crisis la que ha hecho que los estudios no se vayan de vacaciones y trabajen a destajo para ofrecernos novedades y temas de los que hablar. El caso es que en los escasos 5 días transcurridos en el mes de la calma, el ocio y la pasividad, uno no da abasto con tanta información cruzada.

Empezamos por los superhéroes. Por si no tuviésemos suficiente con la galería de superhombres que llenan las pantallas de los cines (que si linternas verdes, que si capitanes América, que si rubios con martillos) nos encontramos con primicias en forma de imágenes que sirven como presentación de los superhéroes que faltaban.

A la imagen que encabeza el post perteneciente a "Los vengadores", el más esperado proyecto sobre superheroes (ver galeria completa de posters ) se le une las novedades sobre el superhéroe por antonomasia,; "Superman". Suponemos que menos carismático que el inolvidable Christopher Reeve pero más despierto que el sosainas de Brandon Routh será Henry Cavill, al que estos días podemos ver en las noches de verano de La1 en la serie “Los Tudor” y que ya ha aparecido luciendo el traje de Superman y metiéndose en la piel de Clark Kent, rizo incluido.

De ambas fotos preferimos la segunda, más fiel y sin florituras al Kent que todos conocemos. La imagen que nos presenta al superhéroe no nos da buenas expectativas ¿Por qué otra vez oscuridad y sombras? El rojo y el azul son colores vistosos. Déjenlos lucir.

Siguiendo con las comparaciones, Anne Hathaway lo tendrá difícil para alcanzar la sensualidad de Michelle Pfeifer como Catwoman, pero fácil para hacerse notar más que Halle Berry, siempre y cuando la vistan como todos queremos (ese antifaz y ese cuero negro mítico de la saga) y no inventen cosas como las que ofrece la imagen de presentación de la heroína. ¿Qué son esas gafas? ¿Habrá levantado la moto ella sola?.

Junto a Catwoman también hemos podido ver a Bane, el malvado villano de la tercera entrega de la saga de Nolan, que por cierto llevará en España el título de “El caballero oscuro, la leyenda renace”, lo cual poco tiene que ver con su traducción original. Tom Hardy se mete en la piel del malo de la película y suponemos que también se ha metido algún que otro chute de esteroides hasta alcanzar ese volumen que muestra la imagen.


La comic-con nos dejó la aparición de Andrew Garfield como Spiderman en un reboot a todas luces innecesario. Para contar lo mismo que contó Sam Raimi convendría haber dejado pasar unos años más. Sin embargo Hollywood renueva con cada vez mayor celeridad sagas y mitos del celoluide. Sirva esta imagen del bueno de Spidey y la buena de Gwen Stacey. Y su trailer para recordemos que no hace tanto (no llega a 10 años) vimos la misma historia con Tobey Maguire.





Dejando los comics de lado, dos viejas figuras de aquella generación de directores surgida a principios de los 70 vuelven a las pantallas (si es que alguna vez las abandonaron). George Lucas presenta “Red Tails” película aeronáutica que escribe, produce y pone efectos especiales con su compañía LucasArts. Patriotismo, aviones y drama racial a partes iguales para una cinta con la que Lucas vuelve a mostrarse activo para esto del séptimo arte. Francis Ford Coppola, por su parte, vuelve al terror con una extraña cinta llamada “Twixt” que, según sus propias palabras, le devuelve a su etapa con Roger Corman. Véremos si Coppola ha perdido definitivamente el rumbo o vuelve a deleitarnos con la maestría que una vez demostró.

Por último, la Academia de Hollywood ha dado a conocer sus Oscars Honorificos, que desde hace un par de años se entregan meses antes de la ceremonia de los Oscars en un acto más íntimo pero más descafeinado de lo que sus figuras premiadas merecen. Este año James Earl Jones, ese hombre que puso voz a Darth Vader en su versión original, y Dick Smith, un maquillador con historia en la industria de Hollywood (“El Padrino”, “El Exorcista”, “Amadeus”) son los que recogerán la dorada estatuilla, mientras que en un alarde de peloteo absoluto, la Academia premia a la, muy poco cinematográfica pero si muy televisiva y ya retirada, Oprah Winfrey con el premio humanitario Jean Hersholt. Un “Oprah te queremos” más por parte de los USA en tiempos de Obama. Ya puesto, ¿por qué no un reconocimiento al recientemente fallecido Bubba Smith?.
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1 de agosto de 2011
DE FRANCESES E ITALIANOS



Son estos dos títulos que nos ocupan ejemplos verdaderamente manifiestos de sus cinematografías. Tanto “Pequeñas mentiras sin importancia” ("Le petits mouchoirs") como “La prima cosa bella” sirven como catálogo actualizado y mejorado de todos los clichés del cine francés e italiano respectivamente, y sin embargo, con sus costumbres y vicios ambos han servido para refrescar la cartelera veraniega de nuestro país.

La película gala visita las vidas de un grupo de amigos alrededor de los cuarenta años cuyas existencias están repletas de dudas e inseguridades. Estamos ante una de esas cintas generacionales en las que sus personajes reúnen los males endémicos de la sociedad a la que pertenecen; estrés laboral, matrimonios insatisfechos, incapacidad sentimental y sobre todo, inmadurez generalizada. La crisis de los 40 en unos seres bien posicionados que, como mandan los cánones del cine francés, hablan, conversan, debaten durante largos minutos (y casi siempre alrededor de una mesa o una copa de vino) con el fin de encontrar soluciones a sus problemas más trascendentales.

Es mérito de Guillaume Canet (actor de “Quiéreme si te atreves” o “Feliz Navidad”, ahora en tareas de dirección) la de compensar todas y cada una de las pequeñas historias personales de su coral galería de personajes, de manejar y alternar los tiempos de sus diferentes identidades (encontramos al personaje histérico y cómico, al atormentado y dramático, a la misteriosa) y de conseguir que sus 145 minutos de metraje sepan sustentarse gracias a los pequeños secretos guardados por el guión y a situaciones que captan poderosamente la atención del espectador (la historia homosexual entre amigos). No obstante la cinta se resentirá de un exceso de sentimentalismo a la hora de afrontar el desenlace del personaje que une a todos los amigos (el accidentado personaje que encarna Jean Dujardin) y con el que el espectador será incapaz de identificarse y/o hermanarse por la escasa cancha de la goza en pantalla en beneficio de sus “colegas” de toda la vida. Probablemente el único pero de una película agradable, honesta y bien interpretada (Marion Cotillard o Francois Cluzet) que ha sido un gran éxito en su país.

No menos “autotóctona” es “La prima cosa bella”, otro éxito de taquilla en su país de origen y candidata para representar a Italia en la anterior edición de los premios Oscar.

Apelando a la nostalgia, al recuerdo y a la familia, “La prima cosa bella” es un homenaje a las madres de toda la vida al tiempo que rememora a las maggioratas italianas popularizadas por el cine italiano del pasado siglo. Idas y venidas sentimentales y temporales para retratar la lucha de una madre, sufridora, abnegada, ingenua, sugerente, por sacar adelante a sus hijos frente a un padre celoso y posesivo.

En su vuelta al pasado, “La prima cosa bella” se muestra tan exagerada y cómica como entrañable y amarga, retrotrayendonos a nuestros propios recuerdos de infancia y a nuestra querencia por el calor maternal. En su presente, la película alude a los resentimientos y heridas no curadas, que siempre cicatrizarán si es de una madre de lo que estamos hablando.
Una película excesiva y sentimentaloide como buena película italiana, bien interpretada (Micaela Ramazzotti, Valerio Mastandrea o la mítica Stefania Sandrelli) y con guiños cinéfilos a la comedia italiana (“apariciones” de Mastroianni y Dino Risi, incluidas) y que probablemente, a ojos del espectador podrá recordar a otra tragicómica y maternal película como era “El hijo de la novia”.
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