29 de mayo de 2012
HOMBRES DEL PASADO



Parece que fue ayer, pero han pasado diez años desde la última vez que Will Smith y Tommy Lee Jones se enfundaron en su traje negro y se rodearon de estrambóticos y vicosos extraterrestres. La secuela de “Men in Black” evidenció síntomas de agotamiento o más bien, escasez de ideas, y quizás por eso fue una inteligente idea parar la producción de entregas y dejar pasar el tiempo.

En este parentesis Tommy Lee Jones ha envejecido hasta aumentar su cara de agente K y Will Smith se ha dedicado a firmar un par de grandes producciones y a dedicarse a su familia y a Pablo Motos. A nosotros nos ha permitido llegar a echar de menos el humor de Smith y su compañía marciana.

“Men in Black 3” vuelve ahora con mayor energía combinando el humor fácil de sus primeras entregas con la herencia espacio temporal que la serie “Lost” ha dejado, en una divertida y ligera entrega que cuenta con el mejor villano de la saga, Boris el animal, encarnado por el Conchord, Jemaine Clements, y alguna que otra idea renovada gracias al guión de Etan Cohen (nada que ver con los hermanos Coen).

Con un excelente arranque protagonizado por el peligroso Boris y Nicole Scherzinger (AKA, la novia de Lewis Hamilton) que quedará comprometido por un par de chistes posteriores un tanto avergonzantes (Emma Thompson emitiendo ruidos), es el preciso momento en que “Men in Black 3” decide remontarse hasta 1969 para conocer a un joven K, encarnado con gran economía de gestos por Josh Brolin, cuando la película empieza a jugar su mejores bazas. Este salto (literal) en el tiempo ofrece a la película la posibilidad de mostrar una buena ambientación, introducir algún cameo estelar (Will Arnet, Bill Hader) y aprovechar el siempre resultón efecto de viajar al pasado. El director Barry Sonnenfeld realiza una pequeña radiografía cultural de la época, donde las diferencias raciales, los hippies o el auge de la moda y el glamour o la llegada del hombre a la Luna, son apuntados con mayor o menor relevancia en mitad de la persecución de bogloditas y extraterrestres varios, hasta componer una película agradable y entretenida pero incapaz de alcanzar el nivel de su película original.


Habiendo superando con creces a la segunda parte de la saga, “Men in Black 3” se guarda un as en la manga, el de la emotividad que siempre ofrece un viaje al pasado y que haría de su parte final un bonito colofón a una trilogía completa. Un cierre de trilogía que no parece que vaya a ser realidad puesto que el bueno de Smith ya anda pensando en continuar una saga que tiene en la creatividad de Rick Baker y sus criaturas y el sentido del humor de Will Smith sus puntos fuertes.
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14 de mayo de 2012
ACOMODAMIENTO TENEBROSO



Si había alguna duda de si era el espectador el que se había agotado del universo fílmico que planteaba Tim Burton, la última película del realizador norteamericano despeja cualquier tipo de duda; el espectador sigue siendo el mismo, es el propio Tim el que se ha vendido a su fórmula.

Sombras tenebrosas” es el enésimo intento de Burton por trasladarnos a su universo recargado, excesivo, lúgubre, gótico, algo que aceptamos agradecidos mientras su habitual alarde de imaginación se podía equiparar a su esfuerzo de fondo. Pero Burton dejó hace tiempo de preocuparse por sus historias para simplemente querer crear nuevos mundos en los que Johnny Depp y Helena Bonham Carter pudieran lucir peculiares caracterizaciones y altas dosis de histrionismo interpretativo. Éste es el caso que confirma la triste decepción que supuso “Alicia en el país de las maravillas”, obra de Lewis Carroll que siempre imaginamos en las manos de Burton hasta que Burton se encargo de deshacer sus dobles lecturas y dosis de surrealismo para componer un producto ingenuo e insuficiente, que sin embargo recaudó las mejores cifras en la carrera del inquieto director de “Mars Attacks!”. 

Sombras tenebrosas” adaptación de una serie-culebrón televisivo de los 60 se prestaba a ser mirada por el punto de vista burtoniano pero también a ser un vistoso reclamo que garantizase buenas cifras de entrada en taquilla. Burton sabe del tirón del Depp más desfasado y abusa de su presencia, acumula secundarios de peso (jamás Michelle Pfeifer o Jackie Earle Haley estuvieron tan desaprovechados) y explota unos efectos digitales que se muestran fríos y excesivamente digitalizados (esa difuminación del rostro del Barnabás Collins de Depp que ya sufrió en “Charlie y la fábrica de chocolate”). Insuficiente para el cinéfilo, adecuado para una buena recaudación inicial.

Estamos ante un Burton acomodaticio, demasiado conformista con un guión repleto de agujeros, chistes burdos y facilones y una selección musical plana y superficial. Tan errático como Barnabas y los personajes que le acompañan en esta oscura aventura de vampiros y brujas en la que la dupla que nos ofrecieron joyas como “Ed Wood” o “Eduardo Manostijeras” demuestran no sentirse culpables de trabajar con el piloto automático puesto. Confiamos en que con “Frankeweenie”, la adaptación del propio cortometraje animado de Burton podamos celebrar la vuelta de un director desaparecido de un tiempo a esta parte.
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4 de mayo de 2012
"LOS VENGADORES"; EL EQUILIBRIO DE UN BLOCKBUSTER



Nunca ha sido fácil equilibrar la suma de egos, complacer a estrellas con afán de protagonismo que exigen una especial atención. Pasa en las mejores familias cuando todos quieren tener la última y mejor de las palabras y el cabeza de familia se ve en la situación de poner orden. Pasa en equipos galácticos de fútbol donde el entrenador se encuentra con la papeleta de estabilizar vestuarios de oro. Y pasa en el cine. Reunir al Dream Team heroico de Marvel en una sola película sin que Tony Stark se pasase de la raya, sin que el Capitán América hiciese gala de un liderazgo patriótico desorbitado o sin que Thor destapase la caja de los truenos, era una misión complicada. Quizá por eso, la “super-equidad” que desprende “Los Vengadores” ya es suficiente para que esta película apruebe con nota.

Largo ha sido el camino hasta convocar en un único título a todos estos superhéroes. Desde los años 60 en que Marvel tuvo la idea de agruparlos hasta que el séptimo arte decidió empezar a mostrar sus aventuras particulares ha pasado un dilatado tiempo. Probablemente, cuando se estreno el primer “Hulk” (Ang Lee, 2003), “Los Vengadores” cinematográficos eran una utopía y, con toda seguridad, cuando llegó a las pantallas “Iron Man” (Jon Favreu, 2008) se vislumbró la manera de llevar a cabo un proyecto de tal envergadura.

Joss Whedon (“Buffy”) es el artífice de conseguir no solo esta armonía entre superhombres sino también de fabricar un blockbuster de lujo, espectacularmente rodado y divertido hasta decir basta. “Los Vengadores” se han querido acercar al cinismo y chulería de las dos primeras entregas de “Iron Man”, han tomado prestados los endiosados vaivenes de “Thor” (Kenneth Branagh, 2011) así como a su villano, Loki (un villano de medio pelo, algo que la propia película sabe y explota) y han restado aflicción y aportado gracejo al Hulk que encarnaron Eric Bana y Edward Norton. Junto a ellos las dotes de liderazgo de “Capitán America” (Joe Johnston, 2011) y la aportación de la pareja formada por La viuda negra (Scarlett Johhanson) y Ojo de Halcón (Jeremy Renner) hasta completar el sexteto inicial.

Y ya que estamos con el equilibrio, es posible enumerar más motivos por los que “Los Vengadores” consigue ser una medida y (cuasi) perfecta superproducción; es ambiciosa pero no tiene pretensiones, es trepidante pero no mareante, es tan suficientemente ingeniosa como trivial, dura 142 minutos pero pasa en un santiamén, mide sus guiños hacía los fans de la misma manera que emplea el tiempo justo en explicar a los no iniciados quien es cada uno de los trajeados héroes que van apareciendo.

En unos tiempos en que los que la industria del cine-espectáculo se debate entre la atormentada visión de Nolan y la producción indiscriminada de banalidades estilo Bay, se agradece el mimo con que Whedon ha tratado a “Los Vengadores” sin (probablemente) ser consciente de haber encontrado el camino a seguir para que Hollywood continué siendo la meca del entretenimiento y el espectador digiera mejor las palomitas consumidas.
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