17 de agosto de 2012
"BRAVE": DE MADRES E HIJAS


ATENCIÓN SPOILERS!!

Hay un momento puntual en “Brave” en el que la reina Elinor ya transformada en gigantesco oso por los efectos secundarios de un hechizo “no deseado”, cumple, a pesar de sus evidentes limitaciones animales, con su cometido como madre, sirviendo un desayuno más bien desafortunado a su hija Merida. Es el retrato de la abnegación de la mujer por sus hijos más alla de los obstáculos una de las muchas representaciones sobre lo femenino que contiene el último trabajo de Pixar, verdadero catálogo acerca de la mujer y sus libertades y deberes impuestos.

Dueña de una enorme fuerza visual que se resume en la incontrolable melena roja de su protagonista y en los maravillosos paisajes de la Escocia medieval, “Brave” no es solo la primera película Pixar protagonizada por una mujer, es también un relato donde la fortaleza y autoridad de lo femenino se impone en el drama, la comedia y la aventura a cualquier atisbo de heroicos reyes, bellos príncipes o malvados villanos. Apenas existe un ápice de estos personajes en una película cuya sencilla e íntima historia (algo que muchos achacarán a este trabajo) se resume a una relación entre mujeres (madre e hija, para ser más exactos) y su lucha por superar sus atribuciones e imponer su autonomía contra las servidumbre propias de la era en que se ambienta la citna. Una fábula materno-filial en un periodo abierto a grandes aventuras que, a pesar de rehuir de épicas luchas medievales, es capaz de ofrecer una dinámica y contagiosa narración que mezcla la envidibiable factura técnica de la compañía responsable de “Up” o “Ratatouille” con el mensaje más terrenal y humano del “Studio Ghibli”, no haciendo ascos al humor más esencial (la rudeza del Rey) e infantil (esos tres inquietos hermanitos).


La naturalidad y humildad de “Brave” la reducirán a un segundo plano dentro de la filmografía de la compañía Pixar, sin embargo, estamos ante otro de esos títulos indispensables para entender la idiosincrasia de la factoría del flexo saltarín, la cual, aunque pueda parecer lo contrario, vuelve a dar un paso adelante con su último trabajo.
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15 de agosto de 2012
DEATH-HITCHCOCK


36 películas, cientos de maneras de morir. Espectacular montaje que recoge algunas de las muertes del maestro del suspense ahora que cumpliría 113 años. Disfrutenlo.
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8 de agosto de 2012
"PROMETHEUS": RIDLEY SCOTT EN SU UNIVERSO FAVORITO



Compendío de talentos artísticos que el británico Ridley Scott orquestó de manera ejemplar, “Alien” fue, junto a “Blade Runner”, una de las dos obras magnas del director de “Los duelistas”, ambas consideradas películas capitales en la ciencia ficción cinematográfica. La carrera posterior de Ridley, heterogénea, dispar, irregular, alejó su figura del género que le dio la gloria, no siendo hasta ahora con “Prometheus” cuando el realizador ha retornado al campo en el que mejor supo desenvolverse. Y lo ha hecho con un trabajo fascinante e insólito que nos devuelve la inteligencia de Scott como ilustrador de universos espaciales, como creador de sugerentes atmosferas, como narrador excelentemente dotado para el terror de lo desconocido.

Prometheus” toma un poco de aquí y otro tanto de allá. Es un mezcla imposible, repleta de ideas descartadas (esa pirámide con jeroglíficos que existía en el guión previo de “Alien"), universos que conviven en el imaginario colectivo (el arte barroco de H.R. Giger) y nuevos planteamientos con ambiciones tan colosales como demenciales donde Damon Lindelof (“Perdidos”) sustituye a Dan O´Bannon en las tareas de escritura de la aventura espacial, probablemente dando un giro hacía lo mitológico, lo religioso y lo indescifrable sobre el libreto original que escribió Jon Spaihts y que apuntaba en un primer momento hacia la precuela canónica de “Alien”, de la que “Prometheus” es tan sólo un macguffin cargado de guiños al fandom.

Dueña de un prólogo que nos deja perplejos, “Prometheus” funciona casi a la inversa de la película en la que nadie podía oir tus gritos. Donde aquella era todo calma tensa, contención narrativa y terrorífica sencillez en sus tres marcados actos, aquí hay exceso visual, deslumbrante diseño de producción y (gloriosa) grandilocuencia temática. Sólo los paseos en soledad del androide David (brillante Michael Fassbender) parecen asemejarse en el tono a aquellos deslizantes travellings en la Nostromo. Ahora aquella Nostromo deja paso (o quizá deberíamos decir “es consecuencia”) de la Prometheus, la nave que guía a la expedición espacial rumbo al planetoíde LV-223 en el cual se espera encontrar información sobre el origen de la vida y la creación, a partir de unas pinturas rupestres encontradas por los arqueólogos Shaw (Noomi Rapace, sosias de la teniente Ripley) y Holloway (Logan-Marshall-Green). Respuestas que se tornarán preguntas a cada paso que la película vaya dando (repetimos, tendencia preferida de Lindelof) ya que su guión parece encantado en trasladar al espectador cuestiones acerca de sus profundas (y místicas) inquietudes y sobre las reacciones de unos personajes en ocasiones ambiguos e impredecibles (desconcertante la presencia de Charlize Theron).


Introducirse en las entrañas del LV-223, es, sin embargo, volver a revivir lo ocurrido en el LV-426 de “Alien”, (aunque eso si, mas grande, más largo, pero con cortes). Huevos que ahora son vasijas, space jockeys que nunca vimos y facehuggers que siguen haciendo de las suyas. Una aventura que permite a Scott jugar en casa preocupado por devolvernos secuencias gore al más puro estilo del alumbramiento de Kane (John Hurt en “Alien"), mientras deja rienda libre a las traviesas astucias de Lindelof que convierten a “Prometheus” en un producto rabiosamente entretenido, angustioso y adictivo gracias a sus innumerables incognitas y sus considerables guiños (algunos más tramposos que otros) a la cinta de 1979. “Prometheus” es la película más fascinante del verano y la prueba definitoria de que la ciencia-ficción, bien sea íntima o gigantesca, es un terreno que Scott no debería abandonar durante tanto tiempo.
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6 de agosto de 2012
ALIENS (1986); DEL TERROR A LA ACCIÓN


Si “Alien, el octavo pasajero” permutaba los ingredientes de la ciencia ficción más pura con el terror de constantes góticas, “Aliens” convertía el universo que ilustró Ridley Scott en un terreno apto para desarrollar un thriller de acción espacial deudor del “Starship Troppers” de Robert A. Heinlein.

Ambientada 57 años después de los hechos ocurridos en la nave Nostromo, “Aliens” despierta a la teniente Ripley de su hibernación mostrándole la colonización del LV-426, lugar donde Kane y compañía descubrieron años atrás los huevos de Alien destapando la caja de los truenos alienigena. Por primera vez en la saga, la industria Weyland-Yutani, escéptica en cuanto a los hechos de la Nostromo, hace acto de presencia para convencer a Ripley de la aparente seguridad de dicha colonización, hasta que durante una inspección rutinaria, los colonos ponen de nuevo en escena a los parásitos facehuggers, volviendo a desatar la amenaza alienigena (está vez, plural). La compañía enviará al lugar a una unidad de marines que incluye a Ripley, para inspeccionar la zona y acabar con los aliens que asolan el LV-426.

Recién salido de “Terminator” (1984), el cuasi novato James Cameron, recibía el complicado encargo por parte de Walter Hill, Gordon Carroll y David Giler, productores de la primera entrega, de convertir en saga lo que había resultado ser un éxito de crítica y público en el año 1979. “Alien” había creado un universo propio y (también) expandible gracias a la imaginación de Dan O´Bannon y H.R. Giger y a la puesta en escena de Ridley Scott, con lo que Cameron debía aportar su visión al escenario existente. En lugar de repetir la sutileza narrativa, el tempo lento, los largos travellings por los pasillos y bodegas de la Nostromo y la sugestiva y puntual presencia de la criatura en escena, Cameron (guionista en solitario de la secuela) llevó a su terreno a la cinta y prefirió dotar de acción al relato, siendo más explícito, grueso y excesivo en su propuesta, convirtiendo a “Aliens” en una cinta bélica espacial, donde grandes exoesqueletos, aparatoso armamento (creación de Syd Mead, que ya trabajase en “Blade Runner") y criaturas multiplicadas e inteligentes (en la cinta de Cameron un Alien llega a coger un ascensor!!, mientras que en la de Scott eran simples seres con afán de supervivencia) se unían a una Ripley completamente masculinizada para la batalla tras su gradual proceso de transformación en heroína espacial de la cinta original, y a la que Cameron quiso suavizar en su virilidad, introduciendo al personaje de Newt, una niña que sacará a relucir el instinto maternal de Ripley.


Es “Aliens” un título radicalmente diferente a su original, a pesar de contener las mismas señas de identidad, que sin embargo tiene cualidades para destacar como uno de los grandes títulos de acción de los años 80. La cámara subjetiva de los marines a la caza del Alien, la introducción de personajes arquetípicos del género (el villano de parte de la organización, el marine charlatán, la soldado hercúlea y testaruda), los cuidados y sorprendentes efectos especiales (anda por ahí Stan Winston encargándose de los aliens) unidos a alusiones inevitables de la cinta original (Bishop el androide, los recargados pasillos, ventiladores y conductos de la nave, etc) hicieron de “Aliens, el regreso” un thriller de acción ejemplar y todavía hoy sorprendente por su vibrante capacidad para narrar los enfrentamientos entre criaturas y marines y para plantear un climax final emocionante y gigantesco. Todo ello gracias a la grandilocuencia habitual de Cameron, que reinvento y expandió el universo que inició Scott y consiguió con “Aliens” un éxito que lo confirmó como uno de los directores más ambiciosos y admirados por la industria del entretenimiento norteamericana.
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2 de agosto de 2012
ALIEN (1979): TERROR ESPACIAL


Con apenas un título en su filmografía, “Los duelistas”, Ridley Scott se embarcaba en 1979 en una cinta radicalmente opuesta a su opera prima. De la Francia Napoleónica al abismo espacial. De “Barry Lyndon” (Stanley Kubrick, 1975) a “Terror en el espacio” (Mario Bava,1965).

“Alien”, la historia de una nave, Nostromo, en la que sus 7 tripulantes detectan y emprenden la búsqueda de una señal de origen desconocido hasta descubrir una amenaza en forma de criatura alienígena, permitió a Scott redefinir el género de ciencia-ficción y de paso reinventar una vertiente del terror sobre lo desconocido, el terror espacial. Lo hizo apoyándose en unos pilares básicos, el arte conceptual del suizo H.R.Giger, creador de la famosa figura del alien, de las viscosas y góticas entrañas del Nostromo y la misteriosa y varada nave en la que se encuentra a la criatura conocida como “Space Jockey” (el nexo de unión con “Prometheus”, la reciente revisitación de la saga), el diseño de los trajes de astronauta realizados por el genio francés Moebius, la habilidad técnica en animatronics de Carlo Rambaldi o la mente escritora para la ciencia ficción de Dan O´Bannon, responsable del guión original sobre cual se introdujeron leves modificaciones.

Con un arranque que nos ubica en un futuro incierto, donde las misiones interplanetarias, las computadoras (“madre” es una suerte de “Hal 9000” femenino) que marcan directrices a seguir y la hibernación humana están a la orden del día, la expedición espacial de la Nostromo, de la que poco o nada sabemos, camina de vuelta a casa.
Se maneja escasa información en este prólogo en el cual no importa el antes y sí todo lo que acontezca con posterioridad a la detección de la señal que obligará a la tripulación a tomar tierra. Scott, con un tempo lento que caracteriza toda la película, apenas muestra el cometido particular y/o relaciones interpersonales de cada uno de los tripulantes y especialmente hace hincapié en la atmósfera de la Nostromo, moviendo la cámara con sutileza y pausa por los rincones de la embarcación sembrando una calma tensa que jamás abandonará la narración aún cuando la amenazante criatura haga acto de presencia.
Con la búsqueda de vida exterior, Scott dejará a un lado la opresiva descripción de ambientes para poner en práctica el plano subjetivo de los protagonistas, lo que incentiva la angustia en otro de los muchos hallazgos de realización de la película. El ataque por parte de un inquietante y adherente parásito a Kane (John Hurt) comenzará a definir los roles de los protagonistas -el liderazgo de Dallas (Tom Skerrit), la racionalidad de Ripley (Sigourney Weaver), la dualidad de Ash (Ian Holm)-, al tiempo que dará inicio a la presencia de ese “octavo pasajero” (subtitulo de la película en su traducción española) que surgirá del vientre de Kane en una de las secuencias más inesperadas, terroríficas y legendarias de la historia del cine (el llamado "chest bursters", rompe pechos).

La bestia está suelta pero no es visible. Menos es más. Al menos así lo quiso Ridley Scott en el enésimo acierto de la cinta. Sustituir lo explicito por lo sugerente, no mostrar jamás al alien de cuerpo entero (dentro del cual estaba el gigante africano Bolaji Badejo) sino en fugaces apariciones, jugar constantemente con el fuera de campo, generar la turbación y el desasosiego a través de continuos travellings por los sobrecogedores pasillos de la nave acompañadas de un uso inteligentísimo de los efectos sonoros (esos latidos de corazón, esas gotas de agua que caen, los ventiladores) y de la mirada despavorida de un felino.
Como pasar de pura ciencia-ficción a un nuevo subgénero, al terror espacial más puro, donde la criatura y su darwinismo latente convierte a “Alien” en un drama de superviviencia en el que se erigen dos figuras clave; la de un robot, Ash, (campo que posteriormente exploraría Scott con la no menos genial “Blade Runner”) cuya apariencia humana está en contradicción con sus ordenes, que destaparán los verdaderos intereses de la compañía detrás del proyecto, y que incluso intentará poner fin a la vida de Ripley (Weaver), auténtica protagonista a posteriorí de la saga y por primera vez héroina en un terreno eminentemente masculino. Su cara a cara final con el alien, (al cual siempre se la han atribuido connotaciones sexuales) con una Ripley que destapa su femenidad en forma de ropa interior y una criatura aparentemente aletargada supone un climax tan medido y sosegado como el tempo con el que Ridley Scott nos acostumbra durante toda la película, dejando para la regresiva cuenta de explosión de la Nostromo un suspense in-crescendo que se une al horror del enfrentamiento directo con la alargada criatura.


Sublimacion de un género, iniciadora de un nuevo estilo narrativo, precursora de una saga que derivó hacía el terreno de la acción de corte ochentero y noventero y referencia absoluta para multitud de títulos que surgieron con posterioridad (algunos de ellos maravillosos como "La Cosa" de John Carpenter), "Alien" no ha perdido un ápice de vigencia en sus revolucionarios hallazgos, ni siquiera le ha abandonado la tensión constante que le caracteriza, mostrandose todavía superior a la gran mayoría de sus imitadoras. Todo lo contrario que la carrera de su director, el cual consiguió, apenas tres años despúes, alcanzar una cima ("Blade Runner", 1982) que jamás ha vuelto a tocar en innumerables e infrucutosos intentos.
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