24 de septiembre de 2012
DESAFÍO TOTAL: PODEMOS OLVIDARLA POR USTED


“Hemos sido más fieles al original de Phillip K.Dick”. Basta con sentenciar algo así para intentar desmarcarte de las inevitables comparaciones con la película original. Eso es lo que ha afirmado Len Wiseman, ese director que echase a perder toda la chulería y sentido del humor de la saga “Die Hard” con “La Jungla 4.0” y que ahora hace más de lo mismo con “Desafio total”, el relato futurista que todos recordamos gracias a la artesanal y encantadora dirección del holandés Paul Verhoeven en la cinta que popularizase en 1990 Arnold Schwarzenegger.

Con una ambientación visual cercana a las sucias urbes de estilo cyberpunk de “Blade Runner”, una fotografía azulada y unos gadgets que ya utilizase Spielberg en “Minority Report” y unos androides que parecen hijos de los que viésemos en “Yo Robot” y primos hermanos de los stormtroppers de nueva generación de “Star Wars”, Len Wiseman monta un espectáculo exclusivamente visual, apostándolo todo a las secuencias persecutorias (inevitables cuando de lo que se habla es del conflicto de identidad de un personaje) y otorgándole mayor protagonismo al rol de Lori Quaid, no por casualidad interpretado por Kate Beckinsale, esposa del director, en un producto que acabará pecando de vacuidad y vulgaridad en su conjunto y quedando muy alejada de la personalidad que poseía la cinta de Verhoeven.

Si en la cinta de 1990 nos divertía la simpatía y la desvergüenza de mostrar a chicas con tres pechos, enanas mutantes de armas tomar, señoras que en realidad eran Arnold Schwarzenegger, a ojos salirse fuera de sus órbitas y a chips que eran extraídos por los orificios nasales, en la cinta de Wiseman hay poco que reclame la atención más allá de unos primeros minutos de poderío visual en que se nos presenta a una sociedad futurista caótica y alienada. Poco más funciona en el nuevo "Desafío Total"; el villano encarnado por Bryan “Walter White” Cranston tiene poca cancha y hechuras de parodia, el guión hace aguas a la hora de argumentar el secreto que alberga la mente de Douglas Quaid/ Hauser (un inexpresivo pero viril Colin Farrell) y el desenlace echa en falta un Kuato que de sentido al relato.

Atrás quedó el planeta Marte y su escasez de oxigeno. Con él, un cine en los albores de los efectos visuales que todavía recurría al ingenio antes que dejarse vender por la abundancia que ofrece lo digital. “Desafío Total” (2012) provoca un efecto contraproducente, que en unos tiempos en que la técnica posibilita recrear muchos de los relatos y universos de ciencia-ficción existentes, echemos de menos las miniaturas y réplicas tradicionales.
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