28 de enero de 2017

Soltar el volante, abrir la puerta y bailar. Lo ideal sería lanzarse a mover el esqueleto y cantar para combatir las largas esperas de un atasco en carretera. Pero no, en la realidad eso ni ocurre ni ocurrirá, y si alguien decide hacerlo se jugará una buena sanción por alteración del orden público. 
Orden público. Que expresión. Vivimos en una sociedad extremadamente cínica. Continuamente molesta frente a aquello que se escape ligeramente de lo establecido. Tendentes a vivir alienados y enojados. Faltos de romanticismo.

“La La Land” va para aquellos que sueñan. Por tontos que puedan parecer. No lo digo yo, lo dice Mia Dolan en la gran audición de su vida. Lo dice Damien Chazelle, que a sus 32 añitos recien cumplidos sabe que para soñar hay que dejarse llevar y que para eso hay que recuperar géneros alegremente desprejuiciados.

En épocas difíciles el cine musical norteamericano siempre ha estado ahí para suavizar el hastío, para fomentar la desconexión. Durante la Gran Depresión, Ginger Rogers y Fred Astaire danzaron por el bien común. Las Grandes Guerras tuvieron el alivio de Gene Kelly, Judy Garland o Bing Crosby. Ahora, el bálsamo de Hollywood a la agresiva era Trump consiste en deleitarnos con Emma Stone y sus ojos de expresividad infinita y Ryan Gosling y su sonrisa de galán adorable entonando y enamorándose en las colinas de Los Ángeles para que así volvamos a casa con la crispación aplacada y nos sentemos frente a twitter más suaves que un guante, mirando la vida con una sonrisa, al menos durante los días o semanas que dure el recuerdo de esta feliz ciudad de las estrellas donde la realidad se construye a partir de unas notas de jazz interpretadas a piano, largas gravitaciones en el firmamento y suaves deslizamientos de pies. 
Ese jazz es el mismo jazz que ya marcaba los ritmos en “Whiplash”, otra manifestación del amor por el cine y música surgida desde las entrañas, hecha con el corazón y dueña de un discurso idéntico; triunfar conlleva renunciar. No hay éxito sin dolor. El Chazelle guionista vuelve a guardarse ese as en la manga para remover emociones por si no todavía no hubiésemos caído rendidos al candoroso idilio entre Mia y Sebastian, a la nostalgia de esa pureza del cine clásico de estudios en formas, estilo, colores (y planetarios), a su banda sonora tremendamente pegadiza o a ese juego tan de nuestro tiempo de adivinar los guiños y referencias que un producto audiovisual claramente evocador contiene.

Vale, “La La Land” no descubre el musical. De acuerdo, “La La Land” es una combinación de grandes momentos de la historia del género. Correcto, Emma Stone no es Leslie Caron. Ryan Gosling no es Frank Sinatra. Y claro, por muy impetuosos que sean sus travellings, Chazelle se dedica (con buena letra) a reproducir a Minelli, Demy y Donen. Pero por favor, deme usted otra entrada para “La La Land” y alégreme el día.
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Written by Roberto García

Escrito con mucho esmero e ilusión desde Albacete. Comenta si te apetece y si no, escucha nuestro programa de radio, que también tiene su aquel.

2 comentarios

  1. Ya lo pusiste interesante, hay que ver que tal esta

  2. Visualmente me ha gustado mucho. Es clásica y hace lo que debe hacer, entretener.
    La banda sonora es muy pegadiza.
    un saludo y gracias por todos los posts. Me encanta leerte.
    Ela